“TERMINÓ EL PARTIDO”
Pablo Moreno
Como en todo partido de fútbol en el segundo tiempo existe la posibilidad de que se definan todas las cosas, hay expectativas de que nuestro equipo favorito gane o consolide el triunfo, o si va perdiendo que al menos empate.
La mañana del viernes como en los primeros minutos de un segundo tiempo, despertó las emociones del público. La plenaria en la que se habló sobre los pueblos “no alcanzados” y el enfoque que se le dio, cayó como un baldado de agua fría hacer la presentación más de una estrategia que la de una ponencia de plenaria, un proyecto de cómo ganar al mundo para Cristo que una reflexión amplia sobre la misión de la iglesia. Me sentí como cuando nos hacen un gol en contra de nuestras expectativas, aburrido y decepcionado.
En la tarde mejoró el juego, al menos para mí porque acerté en el taller al que asistí. El tema era el ministerio en grandes ciudades, el pastor Tim Keller ratificó su entendimiento de cómo afrontar los desafíos de ser iglesia en grandes ciudades y vaya que debe saberlo si está en Manhattan. Seguidamente intervino un filipino de quien infortunadamente no recuerdo su nombre, pero que completó el análisis de la realidad de ser iglesia en grandes ciudades al integrar los componentes socio-económicos de las mismas. Ambos insistieron que la iglesia en grandes ciudades está llamada a servir especialmente a las grandes masas empobrecidas y no sólo a realizar una proclamación verbal del evangelio que solo ayude a completar estadísticas.
El sábado fue para recordar, los ponentes de la mañana se destacaron por su enfoque teológico y bíblico de los temas, más que pensando en estrategias inmediatas para resolver las tareas que incluye la misión de la iglesia. El tema era la integridad y eso se abordó con afirmaciones contundentes como la del Dr. Wright cuando dijo que el problema central de la fe es la idolatría en la que ha caído la iglesia misma, prestando atención más a problemas dentro de la iglesia que a los desafíos que presenta la sociedad contemporánea. Posteriormente Femi Adeleye confrontó la problemática social frente a la cual estamos con una gran responsabilidad y ante la que con frecuencia la iglesia ha pasado de largo. Finalmente habló Elke Werner quien trató la problemática de las mujeres y no sólo de manera genérica sino en particular la que se experimenta en la misma iglesia. Curiosamente este discurso no fue interrumpido con la mayoría por los aplausos.
Hubo una crítica frontal al “evangelio de la prosperidad”. En la tarde en los talleres multiplex asistí al de Pobreza, prosperidad y evangelio en el que se continuó con este mismo cuestionamiento aunque también se habló algo de por qué la gente busca salida a su situación de pobreza en discursos como estos.
El domingo, o los minutos finales del juego, todo fue muy rápido, como produciendo vértigo. El congreso se iba terminando y en los pasillos de nuevo encontramos espacios para el diálogo abierto y sincero, con en el que no era posible todavía conciliar los discursos escuchados ni asumirlos con una serena reflexión. Se oía aún el eco de la ausencia temática de América Latina, lo que fue ratificado por el prof. Valdir Steuernagel en la jornada de la tarde cuando nos reunimos por continentes. En la sesión latinoamericana él reconoció que hubo una ausencia temática de A.L. en el congreso, que el programa poco reflejó la realidad misionera de nuestro continente y que tampoco abordó los problemas urgentes que la iglesia evangélica afronta allí. También se presentaron disculpas por el video sobre A.L. que fue presentado en la “noche latinoamericana” y que había provocado varios comentarios de rechazo por no reflejar de manera completa y actualizada la vida de la iglesia hoy.
En la mañana del último día se habló de la cooperación que se debe tener en el cuerpo de Cristo y del equilibrio global. En la presentación de David Ruiz, se mencionó que la iglesia es lo más cercano al equilibrio que el mundo podrá alcanzar por eso hay un desafío para ella en ser lo que Dios en medio de la sociedad actual. Invitó nuevamente a una evangelización mundial en la que todos participemos desde nuestra realidad y posibilidades.
Finalmente el congreso terminó con un espectacular culto evangélico, digo espectacular por lo grandioso y resonante de la música, pero también por su solemnidad. Fue una liturgia más anglicana evangélica que la que estamos acostumbrados a vivir en la mayoría de las iglesias de hoy. Con llamado a la adoración, arrepentimiento, predicación, confesión, absolución y cena del Señor nos despedimos de un congreso que si bien no cambiará el rumbo de la iglesia evangélica en el mundo de hoy, sí dejará muchos temas y problemas para seguir discutiendo.
El resultado? Uno podría decir que ganó la perspectiva evangélica conservadora que es mayoritaria en el movimiento Lausana, que ganó la iglesia en la medida en que esta es una reafirmación de la verdad entendida en Cristo reconciliando al mundo con Dios, ganó la organización del congreso que a pesar de algunos detalles pudo ver realizado un evento que implicó una enorme logística que salió bien librada, ganó la corriente misionológica que ve la evangelización como proclamación básica del evangelio. Perdió la expectativa que había en América Latina, el menos en un sector significativo, sobre una consideración más integral de la misión, perdió América Latina quien debe pensar bien cuál es su lugar en la concepción que de la misión tiene el movimiento evangélico mundial.
Ganamos quienes tuvimos el privilegio de venir el congreso, gracias en gran parte al apoyo que la organización misma dio a muchos de los participantes. Ahora nos resta regresar a casa y ya descansados, retomar nuestra cotidianidad y reflexionar con pausas sobre lo ocurrido. Bueno, como todo juego después de tantas expectativas uno sale con las emociones encontradas porque el resultado como lo dije arriba dejó ganancias y pérdidas, así es todo, así es la vida gracias a Dios.