El Señor llama frecuentemente a discípulos de un lugar a aportar fondos para el ministerio de discípulos de otro lugar (Lc 8:1–3, Fil 4:15–16). El registro bíblico de la iglesia primitiva da testimonio de que esta clase de relaciones son necesarias en el cuerpo de Cristo, pero también nos advierte que tanto el poseer como el compartir riquezas están plagados de oportunidades para malentendidos y pecado (Hch 5:1–11, 6:1–7) Estas Normas brindan orientación para un diálogo que nos lleve a conectarnos unos con otros y encarar la obra de Dios a la manera de Dios. Tienen como objetivo equiparnos para:
Cuando hacemos estas cosas, especialmente a través de diferencias culturales y de riqueza material, esperamos demostrar el poder transformador y unificador del Espíritu Santo, glorificando el nombre de Dios entre las naciones a través de nuestras vidas y acciones (1P 2:9–12).
Las Normas han sido desarrolladas para administradores de la gracia de Dios, para usar en el desarrollo de cualquier asociación que involucre la provisión de fondos. Describen un saludable proceso de mutuo descubrimiento que puede conducir a un participación más profunda en el amor y la misión de Cristo, especialmente en relaciones transculturales.
En cada uno de los pasos anteriores, los socios deberán tener en mente la meta de construir la confianza mutua y la rendición de cuentas mutua.
AFIRMAMOS que somos iguales en Cristo. Somos llamados a ser administradores sabios y amables de los dones que Dios ha dado a cada uno de nosotros, sin dominar o ignorar al otro. Estamos dispuestos a otorgar, ganar y apreciar el respeto antes que retenerlo de los demás o exigirlo para nosotros.
AFIRMAMOS que nos necesitamos unos a otros para cumplir con nuestros llamados y lograr nuestros propósitos. Algunas de nuestras diferencias culturales al parecer nos dividen, especialmente las diferentes actitudes hacia las tareas y las metas. Pero el estudio deliberado y en oración de esas diferencias en Cristo puede llevarnos a una saludable interdependencia y a enriquecer nuestro entendimiento de nuestro Creador.
AFIRMAMOS que la visión y el llamado que Dios nos ha dado es solo una parte del plan mayor divino. Él quiere que cada uno de nosotros coopere con las demás partes del cuerpo de Cristo, y no que las domine, desmerezca o manipule. Así que somos libres para comunicarnos en forma libre y clara, sin medias verdades o segundas intenciones.
AFIRMAMOS que cada socio necesitará ser flexible y tener una actitud de aprendiz. No estamos aprendiendo a asociarnos por el mero hecho de lograr nuestra visión con eficiencia, sino que estamos aprendiendo a amarnos unos a otros y a someternos al señorío de Cristo.
AFIRMAMOS que debemos rendir cuentas a Cristo y entre nosotros. Bajo su señorío, nutrimos nuestra confianza y rendición de cuentas mutua, que son los elementos esenciales e inseparables de nuestra relación.
A fin de poner en práctica estas afirmaciones, nos comprometemos a lo siguiente:
Juntos, acordamos respetar los llamados, recursos, fortalezas e influencia que Dios ha dado a cada uno (1Co 14:26–33).
1.1 Acordamos discutir los dones y capacidades que consideramos que Dios quiere que cada uno de nosotros aporte a nuestro esfuerzo conjunto, y agradecerle por las fortalezas de nuestro socio.
1.2 Acordamos buscar formas de construir y mantener el respeto, reconociendo que será un proceso que podría requerir la ayuda de un amigo bicultural de confianza.
1.2.1 Cuando ocurren malentendidos, buscamos explicaciones respetuosamente entre nosotros. Perdonamos rápidamente.
1.2.2 Si debemos criticar, lo hacemos amablemente y de formas culturalmente apropiadas.
1.2.3 Si somos criticados, intentamos escuchar la sabiduría del Señor en la crítica (Ef 4:31–32)
1.3 Acordamos nunca mostrar falta de respeto intentando manipular a nuestros socios, es decir logrando lo que queremos presionándolos o engañándolos.
1.3.1 Como donantes, no imponemos nuestras intenciones a nuestros socios, especialmente intenciones ocultas.
1.3.2 Como directores de proyecto, no hacemos cosas manipuladoras como “dibujar” un presupuesto o exagerar los resultados de un proyecto.
1.4 Acordamos que cualquiera de nosotros es tan capaz como el otro de ser guiado por Dios, y rechazamos la idea de que alguno de nosotros pueda entrar en el mundo del otro y hacer su tarea mejor que él (Mr 10:42–43).
1.5 Acordamos intentar entender las sensibilidades de nuestro socio en cuanto a ser tratado irrespetuosamente, dado que la persona y sus amigos podrían tener cicatrices de asociaciones anteriores.
1.6 Si nuestro respeto por un socio sufre daño, acordamos hacer todos los esfuerzos para resolver la cuestión. Si nuestros esfuerzos fallan, finalizaremos respetuosamente la asociación antes que seguir aceptando dinero del socio o apoyar con fondos sus actividades.
Acordamos dedicarnos a asociaciones interculturales que muestren al mundo cómo Jesucristo une a todos los pueblos y naciones. Por lo tanto, nos comprometemos a ser más conscientes de nuestros propios prejuicios culturales y a ser pacientes, a tener una actitud de oración y a no criticar los prejuicios culturales de nuestro socio. Deseamos crecer por el poder del Espíritu hacia una saludable interdependencia en Cristo (Ap 7:9, Ef 4:3–6).
2.1 Acordamos analizar la posibilidad de invitar a un tercero de confianza que conozca nuestras dos culturas para facilitar nuestra relación (Pr 11:14).
2.2 Acordamos hablar de las perspectivas culturales y los estilos organizacionales cada vez que nos damos cuenta de que están afectando nuestra relación de trabajo.
2.2.1 Compartimos historias sobre nuestras experiencias en la asociación, éxitos y fracasos, creyendo que es una de las mejores formas de aprender los unos de los otros.
2.3 Acordamos que, antes de poner fondos del exterior en un proyecto, intentaremos anticipar juntos sus posibles efectos negativos junto con sus efectos deseables.
2.3.1 Exploramos con nuestros socios dónde y cómo trazar la línea entre una saludable interdependencia y una dependencia insalubre, utilizando la mejor sabiduría actual de eruditos y profesionales de la misión.
2.4 Acordamos que la interpretación y aplicación de estas Normas requiere un diálogo y una negociación transculturales humildes, y no la imposición de las suposiciones de cualquiera de las culturas (Fil 2:1–5).
2.5 Acordamos verificar frecuentemente nuestras suposiciones acerca de conocimiento práctico que tienen nuestros socios de nuestra situación cultural, y nuestro conocimiento de la de ellos, para evitar dar por supuesto por exceso o por defecto.
2.6 Acordamos que no somos dueños de nuestro socio y no tenemos que proteger celosamente nuestra relación; en consecuencia, los demás no son temidos como competidores sino acogidos como consiervos del Señor.
2.6.1 Nunca consideramos a otros miembros del cuerpo de Cristo como competidores, ya que es una forma de rebelión contra la Cabeza que nos une en su propósito (Col 1:15–20).
2.6.2 No aceptamos ninguna forma de celos o codicia en nosotros mismo ni los pasamos por alto en los demás; son tóxicos para el cuerpo de Cristo y la vida del cristiano (Stg 4:1-3).
Acordamos buscar un claro entendimiento de cómo encaja nuestra actividad conjunta en el llamado mayor de nuestros socios. Acordamos encontrar formas de comunicación que lleven nuestra visión mutua a su conclusión.
3.1 Acordamos analizar nuestra misión mutua cuidadosamente, buscando la claridad del Espíritu acerca de lo que Dios nos está llamando a hacer juntos.
3.2 Acordamos comunicarnos de una forma cortés y amable, buscando edificar a la otra persona (Ef 4:15–16).
3.2.1 Tomamos en serio las expectativas de nuestro socio al decidir cuánto tiempo invertir en nuestras comunicaciones mutuas y la rapidez con la que debemos responder.
3.2.2 Siempre intentamos anticipar el contexto en el cual un mensaje será recibido, para evitar lastimar irreflexivamente a nuestros socios.
3.2.3 Al comunicarnos con cualquier otra persona acerca de nuestra asociación, protegemos la seguridad, la reputación y el ministerio futuro de nuestro socio.
3.3 Acordamos escuchar atentamente a nuestros socios, haciendo preguntas y buscando entender tanto lo que están diciendo como lo que están dando a entender. Suponemos lo mejor de la otra persona cuando la comunicación es poco clara o inadecuada.
3.4 Acordamos evitar hacer promesas irreales o afirmaciones ligeras que nuestro socio podría interpretar fácilmente como promesas, aun cuando no sea ésta nuestra intención.
3.4.1 Somos concretos en cuanto lo que cada uno de nosotros está acordando hacer y lo que esperamos que haga el otro.
3.4.2 Somos sumamente cuidadosos acerca de las traducciones de nuestros compromisos y evitamos afirmaciones vagas como: “Haremos lo posible”.
3.5 Acordamos buscar otras explicaciones antes de considerar que nuestros socio es culpable de incumplir una promesa (Stg 1:19–20).
3.6 Como personas con una visión que requiere la provisión de fondos, acordamos no renunciar a nuestra visión en favor de otra diferente que prefiere un donante.
3.7 Como donantes, acordamos no usar el dinero para tentar a alguien a seguir (o simular seguir) nuestra visión y nuestros métodos cuando la persona no cree que el Señor los usará eficazmente en la situación local.
Acordamos aprender juntos del Señor y unos de otros, escuchando continuamente en oración y permaneciendo flexibles en la práctica mientras Él nos entreteje en sus propósitos o nos guía a seguir diferentes caminos (2Co 4:5).
4.1 Acordamos aprender genuinamente acerca de cada nuevo socio, sin prejuzgarlo basándonos en nuestra experiencia con otros.
4.2 Acordamos orar fielmente y comunicarnos correctamente a fin de construir un entorno donde los socios se sientan lo suficientemente seguros como para describir sus dificultades, reconocer sus errores y decir lo que piensan, siempre con respeto y sin temor (Stg 5:16).
4.2.1 Nos preguntamos mutuamente lo que el otro está sintiendo o escuchando de Dios.
4.2.2 Aprendemos de nuestra relación de trabajo hablando de nuestros éxitos y fracasos, buscando formas culturalmente apropiadas de preservar el honor y la dignidad de cada uno.
4.3 Acordamos ser flexibles en nuestra relación de trabajo, porque la rigidez no conduce a la unidad en Cristo ni revela el fruto del Espíritu (Gá 5:22–26).
4.3.1 Si un proyecto o una provisión de fondos sufre un contratiempo, lo hablamos abiertamente y buscamos formas de adaptarnos a la situación juntos, apuntando a dar gloria a Dios y mejorar nuestra confianza mutua.
4.4 Acordamos intentar entender y adecuarnos a la preferencia cultural de nuestro socio por la comunicación directa o indirecta.
4.4.1 Discutimos cómo nuestros socios manejarían habitualmente cuestiones sensibles, como expresar o recibir críticas. Reconocemos el valor de recurrir a un tercero de confianza para impedir y manejar conflictos.
4.5 Acordamos ser guiados en nuestras acciones por una actitud de compasión, bondad, humildad, amabilidad, paciencia y amor, y reconocemos que nuestros socios pueden expresar estas cualidades de forma diferente de la que esperamos (Col 3:12-14).
4.6 Acordamos ayudar a nuestro socio a entender cualquier reglamentación del gobierno o política organizacional que requiera un cumplimiento estricto.
Acordamos ministrar de una forma confiable e implementar la clase de rendición de cuentas que profundice la confianza.
5.1 Acordamos hacer el trabajo adicional necesario para ser vistos como confiables a los ojos de nuestro socio, que frecuentemente es más arduo que ser confiables a nuestros propios ojos o aun a los ojos del Señor (2Co 8:21).
5.2 Acordamos estipular claramente un plan mutuamente aceptable para la actividad del ministerio. Somos conscientes de que, si el plan está escrito, algunas culturas lo tomarán más en serio que un acuerdo hablado, y otras lo tomarán menos en serio.
5.2.1 Nos aseguramos de que la visión de la organización local para el proyecto sea clara para ambos socios.
5.2.2 Indicamos objetivos claros, reconociendo siempre que Dios es el que da el crecimiento.
5.2.3 Intercambiamos ideas sobre el tiempo que esperamos que llevará ver los resultados deseados de un proyecto ministerial.
5.3 Acordamos ser fieles a las actividades del plan ministerial y, antes de iniciar el ministerio, discutir las circunstancias que podrían llevarnos a apartarnos del plan.
5.3.1 Trabajamos según el plan del proyecto lo más estrechamente posible, discutiendo cualquier cambio posible con nuestro socio antes de llevarlo a cabo.
5.3.2 Como donantes, nos comunicamos rápidamente con nuestro socio si la capacidad de proveer fondos o los tiempos para proveerlos han cambiado.
5.3.3 Como donantes, expresamos nuestras preocupaciones en forma abierta y sincera si los fondos parecen ser usados para propósitos inesperados. Escuchamos respetuosamente las explicaciones de nuestro socio.
5.4 Acordamos usar la medida de la fidelidad al Señor, su Palabra y la asociación como la forma primaria de hacer que cada uno rinda cuentas. Debemos rendir cuentas por nuestras responsabilidades de acuerdo con el plan, no por los resultados que solo el Señor de la cosecha puede dar (1Co 3:6–8).
5.4.1 Hablamos desde un corazón puro acerca del progreso del proyecto, incluyendo actualizaciones sobre las mediciones y los tiempos del plan del proyecto. Nunca intentamos engañar a un socio.
5.4.2 No suponemos que un proyecto que ha fracasado o no ha dado fruto significa que un socio no cumplió con una promesa. Puede haber otras explicaciones más allá del control de nuestro socio.
5.5 Acordamos indicar claramente un plan mutuamente aceptable para informes periódicos y adecuados sobre la actividad ministerial.
5.5.1 Discutimos al inicio cómo las diferencias entre culturas centradas en la planificación y culturas centradas en la situación probablemente afecten nuestro proceso de informes. (Ver “Definiciones vistas de formas diferentes” en LausanneStandards.org)
5.5.2 Por ejemplo, discutimos cuán estricta o informalmente esperamos que los plazos y los detalles del plan de informes sean seguidos.
5.5.3 Discutimos cómo reconciliar posibles conflictos entre nuestros calendarios y cronogramas organizacionales y los de nuestro socio.
5.5.4 Discutimos cómo manejar cualquier diferencia entre la información que necesitan los donantes y la información que sus socios pueden proveer fácilmente.
Hacemos estas afirmaciones y acuerdos, comprometiéndonos a ser guiados por ellos en el camino de la integridad, a aprenderlos humildemente por experiencia y a crecer en amor como Cristo mandó. Entonces creemos que, por la gracia de Dios, nuestra relación será saludable, nuestro servicio será fructífero, nuestra visión será alcanzada y nuestro Dios será honrado.
Quiera el Señor dar vida a este documento en conversaciones y relaciones. Que su Espíritu nos perfeccione a todos, haciéndonos cada vez más como Él al asociarnos en la misión (Col 1:27–28).