En la mañana del 8 de noviembre de 2013, el recién electo vicealcalde de la ciudad de Tacloban se sentó a desayunar con su esposa e hijos. Los acompañaba un amigo periodista y su equipo de noticias, que esperaban filmar con un buen ángulo el esperado tifón desde la casa de la familia Yaokasin, frente a la bahía.

El día anterior había sido tan soleado que la gente se había reído ante la advertencia de una tormenta que se avecinaba, muy a la manera de los tempos de Noé. Nadie hubiera creído que uno de los peores tfones de la historia se dirigía a toda velocidad hacia el centro de Filipinas.

Justo cuando estaban a punto de comer, el techo de la sala de estar fue arrancado repentinamente por vientos que alcanzaron los 310 km/h (195 mph,, uno de los más fuertes registrados en todo el mundo. Los Yaokasin y el equipo de noticias corrieron a la planta baja, solo para descubrir que el agua subía rápidamente dentro de las habitaciones. El tifón había generado una gigantesca marea de tempestad, una ola de agua del océano de hasta 30 pies de altura que sumergió a la ciudad en cuestón de minutos.

Jerry, su familia y el equipo de noticias lograron salir a duras penas a través de las ventanas hacia la seguridad de un terreno más alto. Pero muchos no fueron tan afortunados. Cuando se despejó la tormenta, había dejado 3.000 personas muertas y el 90 por ciento de los edifcios de la ciudad habían sido demolidos. En total, el tifón Haiyan afectó a 11 millones de personas en el centro de Filipinas, una cantidad pasmosa. Pero casi la mitad del total de muertes se produjeron en Tacloban.

“Era como si una bomba atómica hubiera caído en el corazón de nuestra ciudad”, dice Jerry. “Lo más desgarrador fue ver cadáveres por todas partes. Jóvenes y viejos. Bebés. Niños pequeños. Adultos y ancianos. Todos esperando ser identificados y enterrados. Recuerdo el comentario hecho por el personal de primera respuesta: “Sabrás que estás en Tacloban cuando puedas comenzar a oler el hedor de la muerte”.

En las horas apocalípticas posteriores al tifón, comenzó el saqueo generalizado de alimentos y mercancías, lo que frenó considerablemente los esfuerzos del gobierno por restablecer el orden. Los reclusos en la cárcel se amotinaron, y algunos lograron escapar. Por la noche había oscuridad completa. Los sobrevivientes no tenían acceso a comida o agua; la desesperación y el dolor estaban en todas partes.

Fueron las palabras de Esther 4:14 las que sostuvieron a Jerry en esos días difciles, y pensó: “Dios en su soberanía y providencia me ha puesto en esta posición y en este lugar para un momento como este”.

Jerry y lo que quedaba del gobierno local trabajaron tan rápido como pudieron para obtener comida, agua y refugio para los sobrevivientes, para rescatar y enterrar los cuerpos, y para restablecer la infraestructura básica de caminos, electricidad, agua y servicios de telecomunicaciones de la ciudad, todos los cuales habían sido destruidos.

Pero, para Jerry, lo más importante era ser una presencia de esperanza para las víctimas. “Es muy importante, durante una crisis, hacer saber a los suyos que usted está allí con ellos. Mientras muchos huían, yo me quedé. Mientras muchos lloraban, se quejaban y criticaban, yo consolé. Traté de infundirles esperanza, ya que muchos habían perdido la esperanza en ese momento de recuperarse alguna vez de la tragedia”.

Se corrió la voz entre las iglesias en Filipinas de que el vicealcalde de Tacloban era cristiano. En un país con confianza dividida en el gobierno, muchas personas, iglesias y organizaciones dudaron en enviar su apoyo hasta que se enteraron de la fe de Jerry. Las donaciones y la asistencia que enviaron directamente a su oficina le permiteron brindar ayuda muy necesaria a las víctimas.

Hoy, cinco años después, la ciudad de Tacloban se ha recuperado en gran parte desde la devastación del tifón Haiyan, aunque la gente todavía está dolida. Mientras completa su último mandato como vicealcalde, Jerry sigue aferrado a un estilo particular de liderazgo de siervo que lo distingue. “Aunque la ciudad está en su mayor parte reconstruida, sé que mi trabajo es más que la reconstrucción de la ciudad”, dice Jerry. “Es reconstruir las vidas de nuestra gente”.

Quizás esta es la clave que le ha ganado tres mandatos en su cargo, un hecho sin precedentes, y completamente sin oposición en su último mandato. A diferencia de la mayoría de los otros políticos que mantenen distancia con el público, Jerry usa su experiencia pasada como pastor para reunirse de manera regular y personal con su gente, consolándolos, ayudándolos e incluso orando con ellos. Él lo considera, de hecho, como su ministerio.

Es un llamado que se remonta al año 2000, cuando dejó el ministerio pastoral para dedicarse a la política después de reunirse con otros cristianos en posiciones de gobierno. El cambio de paradigma que se produjo ese año lo llevó a darse cuenta de que los cristianos pueden y deben partcipar en todos los ámbitos de la vida, incluso, y quizás especialmente, en un área como la política, que a menudo se considera “sucia”.

“Ser un servidor público es un llamamiento legítimo de Dios”, dice. “Nunca subestimes lo que Dios puede hacer en y a través de tu vida. . . ¡Él nos ha llamado a ser personas como José, Ester y Daniel para un momento como este!”.

Jerry no está solo en su deseo de llevar el evangelio al ámbito laboral y sus trabajadores. En junio de 2019, se unirá a más de 700 participantes cuidadosamente seleccionados de todo el mundo para el Foro Mundial del Trabajo (FMT, de Lausana. El objetivo de este encuentro mundial, que se realizará de manera fortuita en Filipinas, es que sirva como un gran impulso para superar la arcaica línea divisoria entre lo secular y lo sagrado y empoderar a los cristianos en todos los ámbitos laborales a vivir sus llamados para el evangelio.

Jerry espera colaborar con otros líderes en el FMT sobre nuevas ideas e iniciatvas que puedan ayudar a involucrar a toda la iglesia en su llamamiento, en cualquier ámbito laboral en que se encuentre. Junto a él estarán otros líderes de gobierno, así como maestros, artesanos, médicos, amos y amas de casa, hombres de negocios, periodistas, investigadores, artistas: el pueblo de Dios en toda su hermosa gama de llamamientos únicos y necesarios. Juntos, Jerry y los demás participantes del FMT esperan “que nuestra fe del domingo se demuestre en el trabajo el lunes, y que nos demos cuenta de que nuestro llamado al ámbito laboral es tan importante como el llamado a las misiones y al ministerio de tempo completo”.

Ore con nosotros
por Jerry Yaokasin

Padre, te agradecemos por el don de talentos y habilidades, y por la oportunidad de glorificarte a través de nuestro trabajo. Ayúdanos a abrazar plenamente nuestro llamado divino como discípulos tuyos en el ámbito laboral. Que nuestro trabajo sea nuestro ministerio y el ámbito laboral, nuestro campo de misión. Ayúdanos a mantenernos firmes en nuestra fe, a sobresalir en nuestro trabajo y a dar mucho fruto para tu reino.

 

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Sara Kyoungah White es la Editora de Comunicaciones del Movimiento de Lausana. Vive actualmente en Grand Rapids, Michigan, Estados Unidos.