Análisis Mundial de Lausana

Septiembre 2016 · Volumen 5 / Número 5

BREXIT y su impacto en la misión europea

El euroescepticismo británico

Hace ochenta y seis años Winston Churchill describió la relación del Reino Unido con Europa de la siguiente manera: ‘Estamos con Europa, pero no pertenecemos a ella. Estamos vinculados, pero no combinados. Estamos interesados y asociados, pero no absorbidos.’1 Con estas tres breves frases Churchill expresó un aspecto medular y permanente del euroescepticismo británico anterior a la Segunda Guerra Mundial. Más adelante, en 1946, Churchill propuso unos Estados Unidos de Europa con un liderazgo francés y alemán, pero no del Reino Unido2. Tras un intento vetado de entrada en 1961, el Reino Unido llego finalmente a ser un estado miembro en 1973.

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El primer referéndum sobre la membresía británica de la CEE (más tarde UE) tuvo lugar en 1975 con una votación favorable del 67%; pero nunca llego reamente a desaparecer el clamor a favor de nuevos referéndums para salir, y las concesiones sobre la contribución británica a la UE logradas por la primera ministro conservadora Margaret Thatcher no sirvieron para apaciguar a sus colegas euroescépticos.

La creación del UK Independence Party (UKIP) en 1993 ofreció a los votantes una clara alternativa euroescéptica. En 1999 fueron elegidos los primeros miembros de UKIP para el Parlamento Europeo. En las elecciones europeas de 2014 UKIP obtuvo el 27% de los escaños británicos en el Parlamento Europeo. UKIP había llegado a ser una seria amenaza política tanto para el Partido Laborista como para el Conservador y a partir de ese momento ambos empezaron a desarrollar políticas evidentemente atractivas para votantes que estaban considerando pasarse a UKIP.

El voto del BREXIT3

En 2013, en un gesto táctico para asegurarse el apoyo continuado a su liderazgo por parte del ala euroescéptica del Partido Conservador, el Primer Ministro David Cameron prometió un referéndum si ganaba las elecciones generales de 2015. Por el Acta de Referéndum sobre la Unión Europea de 2015 se estableció legalmente que se celebraría un referéndum no vinculante el 23 de junio de 2016.

El meollo de la resistencia británica a una creciente unión con Europa está en un firme compromiso con una visión tradicional de soberanía ilimitada basada en la tradición parlamentaria británica y en la independencia de su sistema legal. Eso es lo que algunos de los jubilosos ganadores de la campaña para salir celebraron describiendo el día del referéndum como “Día de la Independencia”.

Pero, en la práctica, la campaña para salir tuvo grandes avances a base de llamar la atención sobre los peligros de la inmigración resultante de las fronteras abiertas del Reino Unido con el resto de Europa. La campaña para salir también hizo hincapié en el déficit democrático de las instituciones de la UE, llamó a liberarse de la burocracia y las regulaciones de la UE, defendió la libertad del Reino Unido para negociar acuerdos comerciales por su cuenta y señaló que la salida conllevaría ahorros económicos.

La campaña para permanecer se centró singularmente en las catastróficas pérdidas económicas que el Reino Unido sufriría si salía de la UE. También argumentaron que los beneficios de la pertenencia a la UE, como la libertad de movimiento entre países y la capacidad de la UE para establecer regulaciones contra los abusivos o injustos beneficios de las multinacionales, compensaban con mucho cualquier posible pérdida de soberanía.

La mayor parte de los comentaristas coinciden en que la campaña del referéndum abundó en frases retóricas y fue pobre en contenido informativo4. Llegado el momento el 52% de los votantes se inclinó por salir y el 48% por permanecer. La tormenta política inmediatamente resultante dejó sin respuesta algunas importantes preguntas sobre el mecanismo de salida del Reino Unido de la UE.

¿Por qué BREXIT?

En el breve periodo desde el referendum5 los comentaristas han tendido a encontrarse alrededor de varias explicaciones del resultado. Como ocurre con todas las intrigas políticas es probable que haya más de una línea argumental creíble:

  1. Algunos argumentan que tras las elecciones generales de 2015 la lucha interna por el poder en el Partido Conservador llegó a alcanzar proporciones dramáticas shakesperianas. Supuestos partidarios de Cámeron se pasaron a la campaña para salir con la esperanza de consolidar sus propias ambiciones de liderazgo. Esto resultó demasiado evidente para un electorado desencantado.
  2. El resultado del referéndum fue un rechazo democrático hacia el elitismo del Parlamento Británico y de las instituciones gubernamentales de Bruselas. Otro argumento estrechamente relacionado con éste es que el resultado refleja la insatisfacción de los votantes con el “déficit democrático” de las instituciones europeas.
  3. El resultado representó una reafirmación o redescubrimiento populista de la identidad inglesa, incluyendo aspectos de tribalismo inglés. Esto parece haber envalentonado a algunos de los que mantienen esta postura para pasar a la agresión racista verbal.
  4. Brexit es el resultado deseado por algunos medios, empresas e intereses políticos globales resentidos por el poder regulatorio de control ejercido por la UE sobre sus intereses económicos o partidistas. Brexit es el resultado que estas partes interesadas promovieron activamente y apoyaron directa o indirectamente
  5. Brexit anticipa el inminente colapso de la visión posbélica de reconciliación y colaboración europea que, si bien inspirada inicialmente por líderes cristianos socialmente comprometidos, ha acabado siendo mayormente un mecanismo para promover los intereses económicos nacionales de sus miembros por medio de formas crecientes de federalismo.
  6. Fue la oportunidad para un grito de protesta contra aquellos a los que se considera responsables de la crisis económica mundial y las subsiguientes políticas de austeridad económica que están teniendo consecuencias dañinas para quienes se sienten marginados por fuerzas globales sobre las que no tienen ninguna capacidad de control.

Cada una de estas narrativas (y ciertamente hay otras más) combina un análisis político, económico y de movimientos humanos prerreferéndum con un análisis de los resultados posreferéndum. Este último se ha centrado en la demografía del voto:

  • Por ejemplo, las clases acaudaladas en general votaron permanecer; los votantes de la tercera edad en general votaron salir; en las urbes metropolitanas la mayoría votó a favor de permanecer, y el voto de los tradicionalistas rurales tendió hacia salir.
  • Hay una fuerte correlación estadística entre los votos a favor de salir y las áreas con bajos ingresos, lo que refleja variaciones geográficas que surgieron en las décadas de los 70 y 80 más bien que en la década actual.

Se podría decir que quienes votaron salir no ven que haya futuro en un mundo interconectado en el que los flujos de dinero y poder se mantienen concentrados en centros de élite. Su visión está basada en la geografía física, la interacción social cara a cara y la productividad física de la industria. Ven a la UE como una de las fuerzas impersonales de la globalización en la que quienes votaron salir se ven como natural e inevitablemente perdedores.

Lo irónico es que el análisis demográfico sugiere que quienes votaron permanecer son los que tienen mejores posibilidades de no verse afectados por los resultados de la salida del Reino Unido de le UE al ser ciudadanos globales digitalmente interconectados y productivos; para ellos las ideas de soberanía nacional tienen menos peso en su actividad económica personal. Tienen acceso online al importante recurso del capital global y es menos probable que sufran el pleno impacto de cualquier posible crisis económica en comparación con quienes votaron salir.

La respuesta emocional y visceral de muchos tras el resultado del referéndum también sugiere que muchos ciudadanos del Reino Unido, consciente o inconscientemente, se sentían parte de proyectos identitarios que se vieron reforzados o amenazados por el resultado de la votación. Muchos jóvenes votantes que sencillamente se ven a sí mismos como “europeos” quedaron profundamente frustrados por el voto de sus padres y abuelos. El resultado amenaza con despojarles de su identidad europea. Para quienes votaron salir el resultado es una victoria de la identidad nacional, libre de las ambiciones imperiales de un superpoder europeo que amenazaba con despojarles de todo lo que les hace distintivamente británicos.

Consecuencias del BREXIT

La dimensión completa de las consecuencias sigue sin estar clara en el momento de escribir este artículo, pero si el Reino Unido sale de la UE le llevará muchos años resolver las consecuencias políticas y económicas y establecer nuevas relaciones con sus vecinos europeos. Esto incluye la cuestión de si Escocia, muy a favor de permanecer, se separará del Reino Unido y establecerá su propia e independiente relación con la UE.

Las cuestiones de residencia y continuación de empleo son una preocupación inmediata para los ciudadanos corrientes del Reino Unido y de la UE que viven en un país distinto al de su ciudadanía de origen. Los ciudadanos europeos que viven en el Reino Unido vienen denunciando un número creciente de ataques de odio racista. Los jubilados británicos residentes en países europeos se enfrentan a un futuro incierto.

Es muy improbable que el Reino Unido no quiera negociar alguna forma de acceso al mercado único de la UE. Noruega no es miembro de la UE y paga un precio altísimo por su acceso al mercado único6. La UE ya insiste en que el acceso del Reino Unido al mercado único tendrá como contrapartida la libre circulación de personas. Algunos de los líderes de la campaña para salir plantearon la posibilidad de un sistema de inmigración por puntos. Lo irónico tras el BREXIT es que el Reino Unido no dispondrá de un mecanismo legal que le permita devolver refugiados, que hayan llegado desde el continente, al primer país de la UE al que entraron7.

El examen de conciencia y las maniobras políticas parecen caracterizar las respuestas europeas a la inminente salida del Reino Unido:

  • Eslovaquia ha expresado su deseo de ver un cambio en la narrativa de los partidarios de salir de la UE sobre la inmigración, una narrativa que pinta a los inmigrantes del este de Europa y de otros lugares como parásitos sociales, “gentuza” o ladrones de puestos de trabajo. Los eslovacos, que esperaban que el Reino Unido permaneciese en la UE, han lamentado la manera tan efectiva en que la campaña para salir de la UE manipuló el tema de la inmigración.
  • Noruega vislumbra una oportunidad para renegociar sus propias condiciones de acceso al mercado único europeo.
  • El gobierno de Irlanda pondera las implicaciones de imponer el control de fronteras en una isla ya profundamente dividida y tiene que encontrar nuevos mecanismos legales para asegurar la continuidad de la paz en Irlanda del Norte8.
  • El gobierno de centro derecha de Polonia ha comenzado a presionar a favor de un nuevo y revisado Tratado Europeo.
  • Eslovaquia ha pedido un reequilibrio de poderes entre las instituciones de la UE y los estados miembros.
  • Serbia ha anunciado que no celebrará un referéndum sobre su acceso a la UE.

En los días posteriores al referéndum el examen de conciencia de las instituciones europeas las ha impulsado a volver al debate sobre la impresión de déficit democrático en la UE, sus fallos en el manejo de la crisis migratoria, el peligro al que se enfrenta su zona Schengen por su fracaso en incrementar la vigilancia en sus fronteras externas, la necesidad de renovar el ímpetu de su proceso de convergencia y de lograr un mayor compromiso de promoción de los beneficios del mercado único (especialmente los mercados laboral, digital, de la energía y de las telecomunicaciones).

Consecuencias prácticas para la misión

Mi esposa y yo llegamos a Hungría en enero de 2004 , varios meses antes de la entrada de Hungría en la UE, para comenzar en un nuevo puesto de trabajo misionero. El trabajo como misioneros en Hungría fue incomparablemente más fácil tras la entrada del país en la UE. Cuatro años más tarde pasé a formar parte de una facultad de misionología en el Reino Unido donde enseñé a muchos estudiantes de la UE con la ayuda de una colaboradora lituana. A lo largo de los cinco años que formé parte de ese cuerpo docente las dificultades de obtener permisos de inmigración para los estudiantes de fuera de la UE fueron aumentando gradualmente y el centro se vio forzado a reenfocar sus programas de estudios. Si el Reino Unido sale de la UE este centro de enseñanza se enfrentará a la nueva inseguridad de poder atraer estudiantes de otros países europeos. Y no será el único entre los Institutos Bíblicos y Seminarios británicos en enfrentarse a este problema.

En la actualidad formo parte del Consejo de Dirección de una gran agencia de misión europea con miembros británicos y de la UE diseminados por toda Europa. No estamos limitados a trabajar sólo en los países de la UE, pero nuestras operaciones se ven simplificadas por el hecho de poder trabajar libremente en todos los países de la UE en los que sirven nuestros miembros.

Es probable que una parte importante de la comunidad evangélica conservadora del Reino Unido haya votado a favor de salir de la UE. No se cuestiona su derecho a hacerlo, pero me pregunto si alguno de ellos estaba consciente de la conexión entre su decisión y las consecuencias económicas de tener que apoyar a misioneros en toda Europa que de pronto han sufrido una pérdida del 10% del valor del conjunto de su apoyo económico. Las fluctuaciones de divisas extranjeras no son nada nuevo para las agencias de misión al exterior, pero quienes son corresponsables de la caída de valor de la libra esterlina deberían hacer un esfuerzo económico extra para asegurarse de que los misioneros de al menos una agencia de misión europea no sufran las consecuencias de su decisión.

Visión medular e identidad 

La característica resiliencia de muchos misioneros la expresan bien las palabras de un misionero británico en el continente que votó permanecer: ‘En medio del caos y el trastorno que esta decisión causará a lo largo de los meses y años venideros, tanto en Gran Bretaña como en todo el continente europeo, mi oración es que los cristianos recuerden que su verdadera identidad está en Cristo, porque él era, es y siempre será la única esperanza para Europa. Eso no cambió ayer.’9

El obispo anglicano de West Yorkshire señaló : ‘Hoy tenemos un país amargamente dividido, con temor y resentimiento burbujeando en la superficie y alimentándose de la incertidumbre. Las iglesias pueden ofrecer un espacio para que las personas de ambos bandos puedan recuperar la humanidad del discurso público, reconocer y articular una visión conjunta para el bien común y encarnar la clase de solidaridad que por el momento no podemos imaginar.

Tenemos que comenzar ese tipo de conversación dentro de y entre las iglesias cristianas de Europa. Así como las iglesias abarcaron la división política durante la Guerra Fría en Europa, es de esperar que las iglesias europeas consigan estar por encima de los planteamientos meramente nacionalistas y dar testimonio común de un Dios misionero cuyo corazón de amor incluye a las gentes de todas las naciones. Las agencias de misión, jugando su papel en el movimiento del Espíritu de Dios por todo el continente europeo, seguirán presentando las Buenas Nuevas de Jesús a pesar de cualquier posible incremento en los niveles de complejidad relacionados con el sostenimiento económico, la ubicación y el apoyo a misioneros en el contexto de cualesquiera nuevas realidades políticas en Europa.

Tras el resultado del referéndum británico la contribución de los misioneros y líderes de agencias de misión por toda Europa ha sido animar a los cristianos europeos a no perder esperanza en el Dios que sigue llamando a hombres y mujeres a servirle llevando el evangelio de Jesucristo hasta lo último de la tierra. Han urgido a quienes apoyan, a quienes oran y a quienes son enviados a redescubrir su verdadera identidad en Cristo, a exigir la condena de cualquier forma de xenofobia, a seguir apoyando a los vulnerables refugiados y a trabajar en pro de sociedades que sean sinceramente abiertas y acogedoras.

Si la presente situación ha animado a las agencias de misión en Europa a replantearse qué es lo esencial de su labor y los valores de servicio, disponibilidad radical y sacrificio que lo conforman, Dios entonces seguirá siendo glorificado, aún en medio de la agitación e incertidumbre política. ¡Oren que la luz de Cristo siga brillando en Europa!

Notas

1 Winston Churchill, ‘The United States of Europe’, en The Saturday Evening Post y John Bull, 15 de febrero 1930.

2 Quizá no deba sorprendernos que cuando en 1961 el Reino Unido pidió unirse a la Comunidad Económica Europea (CEE o “Mercado Común”) su solicitud fuera vetada por el Presidente de Francia, Charles de Gaulle, que había trabajado con Churchill durante la II Guerra Mundial.

3 BREXIT fue la forma abreviada de referirse a una “British EXIT” (SALIDA británica) de la Unión Europea.

4 El comentario de Rowan Williams, anterior Arzobispo de Cantórbery, fue mordaz: ‘Una campaña llevada por ambos bandos sin una clara visión de identidad nacional ni internacional, con repetidos llamamientos manipulativos al egoísmo a base de información anecdótica improcedente dice poco de la manera en que el proceso democrático funciona en la actualidad’.

5 Este artículo fue redactado sólo dos semanas después del referéndum.

6 Noruega paga a la UE 2.800 millones de euros anuales por su acceso al mercado único y tiene que incorporar a su legislación la de la UE, sin poder participar en la formulación de la misma.

7 En la actualidad la legislación de la UE permite que un refugiado detenido en el Reino Unido y que se pueda demostrar que llegó al Reino Unido desde otro país de la UE puede ser enviado de regreso al primer país por el que tuvon acceso a la UE.

8 El Acuerdo de Paz de Irlanda del Norte presupone las garantías de la legislación europea sobre derechos humanos. La salida de la UE pone en peligro dicho Acuerdo y lleva a la potencialmente desestabilizadora necesidad de buscar nuevos términos de acuerdo.

9 Jim Memory, Facebook, 24 de junio 2016.

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Darrell Jackson es el Profesor de Misionología del Morling College de New South Wales en Australia. Es pastor bautista originario del Reino Unido y sirvió tres años en Hungría con la Conferencia de Iglesias Europeas. Preside la Red Internacional de Investigadores de Lausana y forma parte de la Comisión de Misión de la AEM.

28 Sep 2016