Lausanne Global Analysis

Enero 2017 · Volumen 6 / Número 1

¿Es efectiva nuestra colaboración para el reino?

Evaluación de las redes y las alianzas ministeriales

“No hay otra forma en que la sociedad logre un progreso a gran escala en los problemas urgentes y complejos a menos que un enfoque colectivo se convierta en la forma aceptada de hacer las cosas”. Stanford Institute of Social Innovation Journal, primavera de 2012.

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Manuel Castells, el sociólogo más frecuentemente citado de nuestro tiempo, dice, en el prefacio de su libro emblemático La sociedad red: una visión global: “Dado que las redes no se detienen en las fronteras de la nación-estado, la sociedad red se constituyó como un sistema mundial, dando paso a la nueva forma de globalización característica de nuestro tiempo”.

La evaluación de la efectividad es esencial para la mayordomía, y forma parte de la naturaleza de Dios: planificar, ejecutar y luego evaluar. [1]

La escala del reto de las redes y alianzas

La iglesia mundial se está reuniendo ahora en cientos de redes centradas en el reino, virtualmente y en el campo, organizándose de manera colaborativa con un foco geográfico o temático, y en muchos casos integrando ambas perspectivas.[2]

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Con más de 500 registros, y en constante expansión, el crecimiento explosivo del movimiento es compilado y administrado por Eldon Porter, Asesor de Participación Mundial. El mapa es cortesía de www.linkingglobalvoices.com. Visite el sitio web para tener una rica información sobre la red actual.

La proliferación de distintos tipos de ministerios, los radicales cambios sociopolíticos y de comunicaciones, la multiplicación de “adhocracias” ministeriales y el desplazamiento del centro de gravedad de la iglesia hacia el este y el sur, hace que la evaluación sea más urgente que nunca. Sin una acción colectiva en el tema de la evaluación de las redes, la comunidad ministerial más amplia y quienes apoyan estos esfuerzos están destinados a una confusión continua acerca de los elementos esenciales y nuestra capacidad de evaluarlos. La urgencia de la necesidad es evidente.

Este artículo destaca los retos, el avance y las opciones que existen ahora para evaluar estas estructuras radicalmente nuevas que están dando forma al futuro del ministerio en todo el mundo.

Evaluación de redes y alianzas[3]: ¿para quiénes y por qué?

¿Quiénes?

Hay diferentes actores que tienen o deberían tener un interés en la efectividad de sus esfuerzos ministeriales colaborativos. Entre ellos:

  • los líderes o facilitadores de esfuerzos colaborativos;
  • los participantes de la red o alianza;
  • los líderes que aprueban la inversión de personas, tiempo, dinero, etc. en el esfuerzo colaborativo; y
  • los inversores financieros directos en los esfuerzos colaborativos.

¿Por qué?

  • Obviamente, un sentido de mayordomía del reino debería ser una motivación principal.
  • Más allá de esto, en particular al usarse cada vez más términos y categorías estándar, una evaluación puede potenciar una comunidad de aprendizaje internacional cada vez mayor.
  • Hay una demanda creciente de informes externos efectivos: rendición de cuentas a ministerios matrices, oración y colaboradores financieros.

Sin embargo, nunca debe darse por sentado una alta motivación, como lo señaló recientemente Steve Moore, de nexleader: “El peligro no es solo que algunos líderes no saben qué es lo que no saben. Es que no quieren saber lo que no saben, por lo menos no lo suficiente como para crear bucles de realimentación efectivos”.[4]

Referencias para la evaluación y actores implicados

Las expectativas en cuanto a las evaluaciones realizadas por redes ministeriales están fuertemente teñidas por prácticas de evaluación establecidas fuera de los sectores ministeriales tradicionales, como el mundo de los negocios o de las ciencias sociales y físicas. Para colocar la evaluación de la colaboración ministerial en perspectiva, es esencial una comprensión del contraste entre una evaluación “secular” y una “ministerial”.

En las ciencias físicas y sociales, hay una rica historia de documentación, mediciones y evaluación. La legislación, los presupuestos, las aspiraciones de carrera, las normas de la industria, el compromiso profesional con la excelencia y otros factores juegan un papel en diferentes momentos para motivar la evaluación. En sectores como la educación, el crimen, la salud pública y decenas de otros campos, hay una larga historia de documentación que arroja una amplia base de mediciones mayormente aceptadas.

El surgimiento de alianzas intencionales entre múltiples agencias y actores en estos sectores “seculares” tradicionales es un fenómeno relativamente reciente. Sin embargo, el impacto de estas iniciativas y la curiosidad en cuanto a su efectividad han recibido una atención considerable en los últimos cinco años. Tanto los administradores como el personal operativo y los creadores de políticas están participando en la discusión.

Más allá de eso, los actores financieros están formando sus propias comunidades de aprendizaje para entender qué constituye una buena inversión en los esfuerzos colaborativos, cómo las redes requieren un pensamiento diferente de las inversiones en organizaciones únicas y lo que implica la evaluación de esfuerzos colaborativos de este tipo.[5]

Los retos entre ministerios cristianos

Entre ministerios cristianos, la historia es algo diferente. Hay poco o ningún acuerdo sobre qué cifras son verdaderamente significativas con relación a los resultados espirituales de corto plazo o de plazo más largo. Históricamente, el mundo ministerial ha usado números mayormente genéricos: cantidad de personas en una reunión evangelística o que “pasan al frente” en respuesta a un mensaje evangelístico, cantidad de miembros o de personas que asisten a una iglesia, tirada de una revista cristiana, cantidad de personas que “responden” a un programa de radio o televisión, o cantidad de misioneros sostenidos o que están “en el campo”. Los esfuerzos por asignar significado a las cifras, y mucho menos estudios longitudinales para analizar tendencias o implicaciones, han sido raros.

Recientemente, con la llegada de los medios sociales, los ministerios de comunicación cristianos de pronto parecían tener un arsenal de nuevos datos. Google Analytics (y otras herramientas similares) proveen un torrente de información. Había esperanza. Inicialmente, tanto entre los líderes de ministerios como entre sus colaboradores financieros, hubo una burbuja de euforia. “Por fin, tenemos números específicos procedentes de un tercero”. Sin embargo, la falta de acuerdo sobre las categorías de respuesta (indicadores) a analizar, y mucho menos su significado con relación a un impacto espiritual duradero, ha creado una nueva confusión y frustración.

En el mundo de las fundaciones cristianas, donde los miembros del personal profesional tienen el encargo de examinar la efectividad, se ha visto un énfasis creciente en la evaluación. El esfuerzo por separar “actividades” de “resultados” se ha generalizado y es elogiable A pesar de este saludable esfuerzo por una evaluación más objetiva, ha habido una falta persistente de un vocabulario común y de categorías acordadas en común para la evaluación. Un reto aún mayor es la falta de acuerdo sobre la importancia de estos “resultados” ministeriales, y sus causas o su correlación con los resultados de largo plazo, como la cantidad de creyentes maduros y la salud de las comunidades de base. Aun el significado de estos términos ha quedado en gran medida sin analizar.

¿Qué hay para medir en las alianzas y las redes?

Poco después de lo que muchos llaman el nacimiento del movimiento moderno de colaboración ministerial, en 1986,[6] surgió la necesidad evidente de la evaluación.

Desde entonces, la experiencia de los últimos 30 años ha identificado tres categorías amplias que pueden y deben ser evaluadas:

  • La escala del reto
  • La naturaleza de la red: su desarrollo y la efectividad de su organización y operación
  • La naturaleza de los resultados de la red: especificidad y realización de los objetivos declarados

Para el año 1990, el emergente movimiento de colaboración estaba evaluando cada uno de estos tres sectores de información en distintos niveles de profundidad y consistencia.

1. El reto: ¿dónde y quiénes, además de escala (números)?

La mayoría de las alianzas ministeriales internacionales durante los últimos 30 años han estado centradas en algún aspecto de la evangelización de frontera.[7] Proveer un marco para una evaluación estratégica fue el enfoque de grupos como Proyecto Josué, US Center for World Evangelization (ahora Frontier Ventures), Operación Mundo y la rama de investigación de la Junta de Misiones Internacionales de los Bautistas del Sur. Existe una base de datos cada vez más definitiva del reto “inconcluso” conforme estos grupos comparten información y continúan refinando la metodología. Actualmente, una red mundial de investigadores sigue de manera regular el avance y comparte información para actualizar las bases de datos.

2. La naturaleza de la red

Aquí surgieron dos temas:

A. Se podían definir y documentar elementos clave del desarrollo de una colaboración efectiva. En otras palabras, se podía evaluar el avance hacia una colaboración potencialmente efectiva. Estos elementos se agrupan, en términos generales, en la evaluación de tres “etapas” del desarrollo:

  • Exploración (investigación y diligencia debida)
  • Formación (la crítica etapa de proceder/no proceder basada en el consenso)
  • Operación (visión clara, objetivos alcanzables y participación plena de los colaboradores)

B. Se definieron indicadores clave de la efectividad operativa. Estos perfilan la probabilidad de que la colaboración realice su objetivo principal u otros objetivos específicos y relacionados. Entre esos indicadores clave se encuentran:

  • Niveles de apoyo en oración
  • Claridad y especificidad de los objetivos
  • Fortaleza y continuidad del liderazgo/facilitación
  • Limitados objetivos de corto plazo, alcanzables y medibles
  • Definición clara de cronogramas y responsabilidad
  • Efectividad de las comunicaciones internas
  • Niveles de participación de los colaboradores
  • Compromiso con una evaluación periódica de la red

Hay ejemplos, tanto de las herramientas de evaluación como de los objetivos fijados y realizados en las dos amplias categorías anteriores, en http://bit.do/NetworkEvalExamples.

3. La naturaleza de los resultados de la red: la realización de los objetivos declarados 

Al madurar el movimiento de alianzas y colaboraciones, fue muy importante la comprensión de que el tiempo y la capacidad para lograr ciertos objetivos era un aspecto crítico. Los objetivos de la colaboración y el potencial para ser evaluados caían en un rango de objetivos de corto a mediano plazo, además de objetivos de largo plazo. La formación y la operación efectiva de las alianzas caían naturalmente más dentro de la esfera de los que trabajaban para lanzar y sostener estas alianzas. Los resultados del “cuadro general” a menudo se relacionaban con temas tremendamente difíciles de la Gran Comisión. Por lo general, estos resultados exigían un cambio de modelos que venían de muchos siglos atrás y de variables complejas que no estaban influidas directamente, y mucho menos controladas, por las alianzas.[8]

En un esfuerzo por examinar el impacto de largo plazo del movimiento de colaboración, un estudio de 2014 consideró 94 alianzas operativas de evangelización estratégica [9] y sus resultados de mayor plazo. Este gráfico resume esa investigación al año 2014.

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Investigación por Ted Haney e IMB Research 2014

Cuando se lanzaron las alianzas, cada uno de esos grupos había estado en oscuridad espiritual durante cientos de años. El hecho de que estos resultados ocurrieran dentro de aproximadamente una generación sugiere un argumento bastante convincente a favor de la colaboración para el reino. Esto es especialmente cierto porque durante el mismo período no se documentó cantidades de nuevos creyentes y establecimiento de comunidades locales a gran escala entre ningún grupo de personas completamente “no alcanzado” donde no ha habido enfoques colaborativos.

Recomendaciones sobre los caminos a seguir

Sin rendición de cuentas financiera, como la provista por ECFA en Estados Unidos, la comunidad evangélica no tiene ninguna contraparte a la motivación y la demanda de “normas de la industria” que existen en el mundo de las ciencias físicas y sociales, o de los negocios.

Motivada principalmente por el deseo de la expresión más elevada de mayordomía, la comunidad evangélica se enfrenta a retos urgentes y una oportunidad inédita.

Cinco sugerencias para la acción que podrían arrojar un progreso significativo:

  1. Tiene que haber un nuevo nivel de compromiso, amplio y radical, con el trabajo en común, reconociendo que abordar efectivamente retos como el cumplimiento de la Gran Comisión solo puede hacerse de manera colaborativa. En respuesta, el liderazgo ministerial, el personal de campo, los consejos directivos y los inversores en el reino necesitan afirmar, apoyar e involucrarse firmemente en una acción colectiva práctica.
  2. En base a una investigación secular ampliamente reconocida, los financistas deben considerar seriamente sus inversiones en enfoques de ministerio único y estrategia única, en oposición a enfoques colectivos, como redes y alianzas ministeriales operadas efectivamente.
  3. Los inversores en el reino deben respaldar iniciativas específicas para desarrollar un lenguaje común, categorías para la evaluación y normas de documentación e informes. Sus esfuerzos tendrán un impacto desproporcionado, ciertamente “captando la atención” del liderazgo ministerial en el campo.
  4. Una documentación mundial y coordinada de las alianzas en desarrollo y en operación, similar a la documentación que se hizo entre 1990 y 2000, daría dividendos extraordinarios por igual para el personal de operaciones y los inversores del reino por igual. Ésta es una oportunidad ideal para una auténtica colaboración.
  5. Deberían lanzarse discusiones de trabajo entre financistas, el liderazgo ministerial y experimentados profesionales de alianzas para explorar una acción práctica sobre un vocabulario común para definir la naturaleza y los elementos específicos de sectores críticos de operaciones ministeriales y esfuerzos colectivos[10] junto con normas comunes para la evaluación de iniciativas colaborativas centradas en el reino.

Notas finales

  1. I have written substantially on God as a planner and the associated evaluation called for. Sufficient to say here that passages such as, ‘And God saw everything that he had made, and it was very good’ (Gen 1:31a); ‘I have brought you glory on earth by finishing the work you gave me to do’ (John 17:4); ‘Suppose one of you wants to build a tower. Won’t you first sit down and estimate the cost to see if you have enough money to complete it?’ (Luke 14:28, see Luke 14:28-32); the seminal passage on stewardship, evaluation, and responsibility, the parable of the stewards (Matt 25:14-30) make what seems to be a compelling biblical case for the responsibility of ministry leaders to establish clear, measurable objectives and do the associated evaluation. And, of course, Jesus’ telling words, ‘I have finished the work you sent me to do’ in John 17:4 clearly reflect an explicit goal and assessment that it had been achieved.
  2. Editor’s Note: See article entitled ‘Engaging an Emerging Generation of Global Mission Leaders’ by Nana Yaw Offei Awuku in the November 2016 issue of Lausanne Global Analysis.
  3. While, technically, there are distinctions, I have used the words ‘partnership’ and ‘network’ interchangeably throughout to represent the range of coalitions that engage multiple agencies/stakeholders in a common vision for change.
  4. Steve Moore/ABHE, ‘Closing the Feedback Loop: Why What You Don’t Know Will Hurt You and How to Find Out’ vlog, Nexleader Ideaportal, 18 February 2016. http://ideas.nexleader.com/?p=447.
  5. Over the last four years, the Stanford Social Innovation Review (SSIR) has initiated and published a series of probably the most wide-ranging, lucid, and helpful articles on the rise of these collaborative initiatives: efforts to understand them, essentials for their success, and means for evaluating them. SSIR has conveniently clustered these articles at one web address: http://ssir.org/articles/entry/collective_impact. The SSIR has also covered the increasing engagement of funders in collaborative initiatives and the unique challenges they bring. Here are three representative articles: http://ssir.org/articles/entry/high_stakes_donor_collaborations, http://ssir.org/articles/entry/making_nonprofit_collaboration_a_foundation_strategy_the_lodstar_foundation, and http://ssir.org/articles/entry/accepting_the_challenges_of_partnership.
  6. There have been some notable exceptions. In Western urban ministry settings, Christian partnerships have worked alongside, or in some cases, actually led other ‘secular’ urban agencies in addressing one or more of the well-documented social issues. A range of key leaders and associated groups has sought to foster effective urban ministry partnerships. Among those active are www.goodcities.net, Communities Inc at www.communitiesinc.org, Mission America’s city initiatives at http://www.missionamerica.org/Brix?pageID=13209, and Frontline Ministries at http://flministries.org/about/.
  7. In June 1986, 15 evangelical mission leaders from 12 or more mission agencies met in Malaga, Spain, representing a wide range of different theological, traditional, and ministry types. Their common commitment was to see spiritual breakthroughs in Tunisia, Algeria, and Morocco. Following three days of intensive prayer and hard work, they achieved consensus on specific action objectives. That initiative just celebrated its 30th anniversary at the January 2016 conference, where 500 or more participants reflected dozens of partnership initiatives in the region. By the early 2000s, the Malaga-rooted movement had seen strategic evangelism partnerships launched in 94 ‘unreached’ people groups.
  8. Goals of getting a new collaborative radio program on the air, a new evangelistic website operational, translating the New Testament (even aided by machine translation), or seeing an emerging local, healthy church after 1,900 years of darkness are very different in their complexity and the time required. They present unique challenges for the nature of collaboration, realistic timelines/expectations, and therefore, basis for evaluation.
  9. The pioneering partnership development agency Interdev focused on an objective of helping the global church launch sustainable international collaborative evangelism and church planting in a select, priority list of 130 ‘gateway’ languages. (The objective was developed following substantial discussion with an advisory group of evangelical missiologists, linguists, and anthropologists.) In the early 1990s, a straightforward Excel database was established and updated monthly, monitoring several key indicators regarding partnership development progress or lack of it. This database was consistently updated monthly through to mid-2002, by which time 94 of the target 130 languages had operating strategic evangelism partnerships. More than 20 other language groups at the time were documented as having partnerships in various stages of development.
  10. For a detailed examination of the potential value of common vocabulary with particular reference to Christian media and its role in evangelism and strengthening the church, see the paper ‘The Need For Common Vocabulary To Strengthen Media Follow-Up Efforts’ at http://bit.do/MediaCommonVocab. The principles outlined in this paper are widely applicable to an evangelism/church-planting partnership’s longer-term strategy.
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Durante los últimos 30 años, Phill Butler ha trabajado en más de 70 países como fundador de tres organizaciones sin fines de lucro internacionales y de inspiración religiosa: Intercristo, Interdev, y luego visionSynergy, donde sirve ahora como Asesor Estratégico Senior. Es el autor del libro Bien conectados: cómo liberar el poder y restaurar la esperanza a través de las alianzas del reino, en circulación ahora en ocho idiomas.

19 Jan 2017

Lausanne Global Analysis