El término “califato” se ha vuelto más familiar durante los últimos 2 o 3 años debido al surgimiento y la actual declinación del Dáesh/Estado Islámico (EI). Sin embargo, un califato mundial ha sido la meta reconocida de varios otros grupos activistas y terroristas musulmanes durante los últimos 15 a 20 años. Por cierto, el deseo de un califato ha sido una aspiración de algunos musulmanes que se retrotrae a la historia.

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¿Qué es el califato?

“Califa” era el título dado a los jefes de la comunidad musulmana, la “umma”, luego de la muerte de Mahoma, con el significado de “vice-regente”, “adjunto” o “sucesor” en árabe. Hay muy pocas referencias en el Corán. Solo se aplica a una persona una vez como título: al profeta David, en Q38.26.  Se aplica a todos los musulmanes en Q2.30 (la historia de la creación, en la que califa es el título que se da a los humanos que debían gobernar la tierra como vice-regentes de Alá).

El deseo de un califato ha sido una aspiración de algunos musulmanes que se retrotrae a la historia.

Dos dinastías reconocidas de califas (sunitas) siguieron a los cuatro califas “bien guiados” (rashidun): los omeyas y abasíes. Su gobierno llegó a su fin con la captura de Bagdad por los mongoles en 1258.

De ahí en adelante, varias dinastías musulmanas reclamaron el título de califa, el último de los cuales fue el de los sultanes otomanos en Turquía. Antes que el título fuera finalmente abolido en 1924, luego de la derrota de Turquía en la Primera Guerra Mundial y su giro a una presidencia secular, el resurgimiento islámico ya había comenzado. Así que, para cuando se abolió el título, el califato había readquirido una especie de estatus de liderazgo comunitario transnacional que no había disfrutado desde sus primeros años. La abolición del puesto, por lo tanto, dejó una brecha en el liderazgo musulmán sunita en el momento preciso en que el resurgimiento empezaba a ganar terreno.

Su importancia hoy

En 2006

el 65%

quería unificar
a todos los musulmanes
bajo un clalifato.

Existen muy pocas encuestas que hayan preguntado a poblaciones musulmanas específicamente acerca de su deseo de un califato. Las que se han realizado indican un apoyo sustancial del concepto, aun cuando hay menos apoyo por grupos como EI, que afirman estar creando uno. Una encuesta de Gallup entre musulmanes en Egipto, Marruecos, Paquistán e Indonesia, realizada en 2006, encontró que el 65% de los encuestados querían unificar a todos los musulmanes bajo un califato. Una encuesta entre estudiantes musulmanes británicos hecha por The Daily Telegraph en 2008 encontró que el 33% de los encuestados deseaban un califato.

Una encuesta de Gallup entre musulmanes en Egipto, Marruecos, Paquistán e Indonesia, realizada en 2006, encontró que el 65% de los encuestados querían unificar a todos los musulmanes bajo un califato.

Es razonable vincular el apoyo de EI o el deseo de un “estado saría” con el deseo de un califato, ya que el califato (especialmente el de los primeros cuatro califas) representa el estado islámico “ideal” donde, según los musulmanes de esta creencia, la saría era la ley de estado de la umma. Encuestas recientes en todo Oriente Próximo y otros estados con mayoría musulmán han encontrado un apoyo importante por una “estado islámico”. Por ejemplo, una encuesta del MacDonald Laurier Institute publicada en 2011 encontró que el 62% de los musulmanes canadienses querían la saría en Canadá.

Los grupos que buscan un califato

Hay varios grupos musulmanes que están buscando activamente un califato, aunque difieren en cómo lo conciben. Estos grupos incluyen a Al Qaeda, EI, Hizb ut-Tahrir y los Hermanos Musulmanes. Cuando los Hermanos Musulmanes detentaron brevemente el poder en Egipto en 2012 y 2013, se dedicaron rápidamente a establecer la saría como la ley del país. Aun grupos que tienen una orientación más nacionalista que mundial, como los talibanes y Hamás, también están buscando establecer estados islámicos.

Hay tres diferencias básicas entre estos grupos:

  1. Los métodos que buscan para establecer un califato. EI usa la confrontación violenta, mientras que Hizb ut-Tahrir y los Hermanos Musulmanes están trabajando a través de sistemas políticos establecidos para lograr sus objetivos.
  2. La naturaleza del sistema político manifiesto que encarnaría el califato “ideal”.
  3. Mundial versus local.

Algunos, como los Hermanos Musulmanes o Al Qaeda, apuntan a califatos mundiales. Otros, como los talibanes y Hamás, están más focalizados en establecer califatos más “locales” o “nacionales” (aunque estos podrían verse como pasos hacia un eventual califato mundial). Los Hermanos Musulmanes comenzaron como un movimiento de resurgimiento focalizado nacionalmente, pero han evolucionado a lo largo de las décadas hacia un apoyo de la ideología de un califato mundial.

Medir el apoyo que disfrutan estos grupos individuales entre la población musulmana mundial es casi imposible. Sin embargo, una encuesta publicada por el muy respetado Pew Research Centre en 2015 encontró que, si bien hay una considerable variación en estados con mayoría musulmana, un promedio de 10% de los encuestados tenían una visión favorable de EI. En esos mismos estados, entre 99% (Líbano) y 28% (Pakistán) tenían una visión negativa de EI, y entre 1% (Líbano) y 62% (Pakistán) de los encuestados no podían dar una visión firme. Esta cifra aproximada de 10% confluye con la cantidad de musulmanes que adhieren a la interpretación hanbalí de la saría, la forma practicada en Arabia Saudita y que más se asocia con grupos como Hamás, los talibanes, los Hermanos Musulmanes, Al Qaeda y los deobandis.

El apoyo del estado

El deseo de un califato o de un estado islámico en alguna forma no está confinado a grupos terroristas u otras organizaciones proscritas; existe también en estados como Arabia Saudita e Irán. Ninguno de estos se describiría a sí mismo como un califato, pero su deseo de ser vistos como “estados islámicos puros” surge de la misma aspiración. La nueva llegada a la escena es la Turquía del presidente Recep Tayyip Erdogan.

El deseo de un califato también en estados como Arabia Saudita e Irán.

Erdogan ha hablado abiertamente de recrear el imperio otomano; por ejemplo, en el discurso que dio en el Foreign Policy Centre, en Washington DC, en 2014.[1] También ha buscado sistemáticamente eliminar el nombre del líder secularizador posterior a la Primera Guerra Mundial, Mustafá Kemal Ataturk. El argumento de Erdogan a favor de la recreación del imperio otomano está basado en una versión de la historia otomana que contiene varios puntos ciegos, especialmente con relación a su tratamiento de las minorías religiosas.

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Arabic writing on a fritware tile, depicting the names of God, Muhammad and the first caliphs. Istanbul, Turkey, c. 1727.

¿Qué califato?

La visión utópica de Erdogan difiere de la de los grupos que no son estados mencionados previamente en que él se remonta a un pasado más reciente, mientras que los Hermanos Musulmanes y otros buscan volver a la pureza percibida del califato rashidun. Esto representa para los musulmanes una era en la que el islam era un poderoso actor mundial, aun cuando el punto más alto del imperio musulmán se dio bajo los abasíes. Esa visión es atractiva para los musulmanes que interpretan el surgimiento de los poderes europeos y la posterior dominación de EE.UU. como una humillación de su fe. Dado que involucra también la práctica de la fe en su forma más “pura”, el califato representa un tiempo de pureza doctrinal asociada con el dominio político.

Los musulmanes que simpatizan con EI y Al Qaeda dicen que el islam se pudrió teológicamente desde adentro a lo largo de siglos al permitir que florecieran prácticas “innovadoras” (como el sufismo). El resurgimiento del califato, por lo tanto, no tiene que ver solo con restaurar el orgullo y el poder musulmán, sino también con volver a la práctica del islam que sería reconocida por Mahoma y sus sucesores inmediatos. Por lo tanto, no es ninguna coincidencia que en aquellos países bajo el gobierno de musulmanes que dicen adherir a la forma más “pura” del islam, como EI y Arabia Saudita wahabí, los sufíes, los ahamadíes y los chiitas son perseguidos tanto como los no musulmanes, porque son considerados grupos que corrompen el islam.

Perspectiva

Es probable que en el corto plazo EI sea derrotado, en el sentido que el territorio bajo su control le sea quitado por completo. Sin embargo, EI ha comenzado a “franquiciarse”, con ramificaciones que florecen ahora en el caos de la Libia pos-Gadafi, junto con los combatientes que se infiltran en Occidente para realizar ataques allí.

Además, la derrota militar de EI no pondrá fin a la búsqueda de un califato musulmán sunita. Mientras haya musulmanes que apoyan una interpretación literal del Corán y la Sunna (aquellas partes de los hadices —las tradiciones acerca de Mahoma, sus esposas y compañeros— que pueden ser atribuidos directamente a Mahoma mismo), la aspiración de un califato seguirá atrayendo a algunos hacia su recreación, sea mediante medios violentos o no violentos.

El destacado académico francés Francois Burgat sostiene que la violencia es sintomática de la declinación del islam, y que la falta de éxito de las yihad recientes terminará por alejar a los musulmanes del islam mismo.[2] No puede haber ninguna duda de que cada vez hay más musulmanes que se están alejando del islam.[3] Sin embargo, la aspiración a un califato es tan potente que es probable que continúe de alguna forma hacia el futuro previsible.

¿Cómo debe responder la iglesia?

Claramente, las principales herramientas de la iglesia en una situación así, como siempre, son el amor en acción y la oración (que incluye orar por los cristianos que están viviendo bajo el califato hoy). Más allá de estas respuestas, hay varias cosas específicas que pueden hacer los cristianos.

Los Cristianos deben amar a los musulmanes lo suficiente como para compartir el evangelio de Cristo con ellos.

Deben amar a los musulmanes lo suficiente como para compartir el evangelio de Cristo con ellos, como a través de la obra de algunas iglesias y agencias individuales como Mahabba,[4] Interserve y Frontiers. La única respuesta de largo plazo ante la lucha por lograr un nuevo califato es el evangelio. A fin de presentarlo a los musulmanes en acción y en palabra, los cristianos debemos superar nuestro temor general a la evangelización y nuestro temor específico a la evangelización de los musulmanes.

La aspiración del califato habla de un anhelo de “grandeza”. Esto podría verse como una reafirmación de dominio político o un deseo de ver al islam “respetado” nuevamente. Hay un sentido de ira impotente que los radicalizadores buscan explotar canalizando a la gente hacia una respuesta violenta. Sin embargo, hay también una oportunidad potencial aquí para la evangelización desde por lo menos tres ángulos:

Los cristianos creen que la lucha espiritual es la lucha clave que terminará llevándonos, a través del juicio, a estar con Dios para siempre, y que esto ha sido posibilitado por el sacrificio de Dios por nosotros, más que por cualquier obra que hayamos hecho.

El prestigio del nombre de nuestro Dios no depende de la conquista de un territorio ni de exhibiciones de fuerza humana. Por cierto, lo contrario es cierto: el poder de Dios se manifiesta a través de nuestra debilidad.

El califato representa una comunidad idealizada para los musulmanes.

El califato representa una comunidad idealizada para los musulmanes. La naturaleza del gobierno califal históricamente y la visión de lo que constituye una comunidad musulmana ideal podrían ser contrastadas con lo que constituye una comunidad cristiana idealizada. Ese ejercicio ofrecería una oportunidad para hablar acerca de las diferencias en perspectiva y visión entre el cristianismo y el islam, como la seguridad de la salvación en el cristianismo.

También tenemos que hacer que los que diseñan políticas tomen conciencia de las implicaciones del califato y la amplitud del apoyo que tiene. Tiene que ser conscientes de la aspiración religiosa a largo plazo que yace detrás del califato al intentar formar estrategias efectivas contra la radicalización.

Sin embargo, en última instancia las estrategias o políticas de gobierno no pueden ser la solución de largo plazo. Los gobiernos no pueden aparecer haciendo juicios de valor acerca de ninguna religión específica. En el mejor de los casos, pueden oponerse a las sospechas de que el pluralismo democrático, el concepto mismo de la democracia (la idea de que la soberanía yace en los representantes del pueblo), sea anatema a la cosmovisión del califato.

También pueden desbaratar redes y tomar acciones militares para derrotar a quienes dicen que están luchando por un califato. Esto servirá para socavar la “validez” de la visión del califato para algunos musulmanes, ya que el éxito en el campo de batalla es visto como una señal del favor de Dios y del mayor poder de un Dios sobre otro.

No obstante, solo el evangelio ofrece la perspectiva de una solución de largo plazo a la radicalización según aparece encarnada en la aspiración del califato.

Notas

  1. Anon ‘Turkish President Erdogan on ISIS and Regional Security’. Council on Foreign Relations, New York, 22nd September 2014. http://www.cfr.org/turkey/turkish-president-erdogan-isis-regional-security/p33488. Accedo el 28 de septiembre de 2016.
  2. François Burgat. (2003) Face to Face with Political Islam. London: I.B.Tauris.
  3. Nota del editor:  Ver el artículo de un pastor sirio titulado “La crisis en Siria”, en el número de enero de 2016 del Análisis Mundial de Lausana. 
  4. Nota del editor: Ver el artículo de Gordon Hickson titulado “Los cristianos ‘comunes’ pueden alcanzar a los musulmanes mejor que los especialistas”, en el número de enero de 2016 del Análisis Mundial de Lausana.
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El autor (nombre retenido a solicitud) es un investigador y escritor en los campos interconectados de la identidad, la radicalización, las tendencias religiosas mundiales y la libertad religiosa. Ha escrito varios libros y artículos, y es un orador público habitual.