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Ha perecido la verdad, ha sido eliminada de su boca (Jer 7:28).

Ahora vivimos en la sociedad de la posverdad. El adjetivo ‘post-truth’ (‘posverdad’) fue la palabra del año 2016 de los Diccionarios Oxford. Se refiere a ‘circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las apelaciones a las emociones’. Es una perfecta descripción de las campañas políticas de 2016 que llevaron al voto del ‘Brexit’ en el Reino Unido y a la elección presidencial en EE.UU.[1]

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Casper Grathwohl, presidente de Diccionarios Oxford, dijo que la vertiginosa popularidad del término ‘se vio alimentada por el crecimiento de las redes sociales como nuevas fuentes de información y la creciente desconfianza en los datos ofrecidos por el establishment.’ Grathwohl sugiere que vendrá a ser ‘una de las palabras definitorias de nuestro tiempo’.[2]

Como indica Grathwohl, el término ‘posverdad’ está estrechamente relacionado con la avalancha de ‘falsas noticias’ que hemos vivido. Jonathan Freedland escribe: ‘En esta era de política de posverdad, el mentiroso decidido puede ser rey. Cuanto más descarada sea su falta de honestidad, cuanto menos le importe que se le descubra, más puede prosperar. Y esos dogmáticos que siguen dependiendo de hechos y evidencias y todas esas cosas aburridas, se quedan acumulando polvo, y antes de que acaben de atarse los zapatos, la mentira ya ha recorrido medio mundo’. [3]

El cambiante paisaje de las noticias

Las falsas noticias afectan mucho más allá de la política, pero en tiempos recientes han caracterizado esa esfera de la vida pública hasta un nivel alarmante.

¿Por qué se extienden tan rápidamente por el paisaje de las noticias los incontrolados incendios de las falsas noticias? Un factor clave que atiza las llamas es, por supuesto, los intereses políticos. Las falsas noticias afectan mucho más allá de la política, pero en tiempos recientes han caracterizado esa esfera de la vida pública hasta un nivel alarmante. Siempre ha habido políticos mentirosos desesperados por su autopromoción, y la propaganda es una herramienta crucial de los estados totalitarios, pero da la sensación de que hay algo muy diferente en el panorama político actual, al menos en Occidente.

Dos cosas, en particular, son diferentes:

  • Primero, las redes sociales hacen posible que cualquiera pueda comunicar cualquier cosa, en cualquier momento, a una vasta audiencia. Donald Trump fue un ejemplo de esto durante su campaña electoral de 2016 cuando publicó tweets incendiarios o evidentemente falsos, pero que tuvieron buena respuesta entre su público destinatario.
  • Segundo, las redes sociales han llegado a ser nuestro principal medio de acceso a las noticias, por lo que los ingresos de los medios de comunicación tradicionales se están viniendo abajo. Para tener más ingresos por publicidad, necesitan desesperadamente que hagamos más clics en sus contenidos. Katharine Viner, redactora jefa de The Guardian, lamenta que ‘para demasiadas organizaciones de noticias, la nueva medida de valor es la viralidad antes que la veracidad o la calidad’.[4]

Todos codician ganancias injustas… todos practican el engaño (Jer 6:13; 8:10).

Las noticias falsas también tienen su origen en la avaricia.

Las noticias falsas también tienen su origen en la avaricia, muchas de ellas inventadas por adolescentes en Veles (Macedonia).[5] Descubrieron que publicando historias sensacionalistas podían atraer una vasta cantidad de tráfico a sitios web espurios, y se están haciendo ricos vendiendo publicidad. Estos adolescentes se han convertido en maestros de los titulares con ciberanzuelo. Resulta interesante que la mayor parte de estas noticias falsas de Macedonia fueron a favor de Trump. Durante la campaña electoral de EE.UU., los autores de estos bulos descubrieron que las historias a favor de Clinton no atraían con mucho la misma cantidad de tráfico.

Macedonia no es la única fábrica de falsas noticias:

  • El gobierno checo, al ir acercándose sus elecciones generales de octubre de 2017, tiene ahora una unidad dedicada a la lucha contra el flujo de falsas noticias potencialmente desestabilizadoras. Las falsas historias (mayormente sobre inmigrantes) proceden de sitios web que, según las autoridades checas, cuentan con el apoyo del gobierno ruso.[6]
  • En Burundi, los periodistas acusan al presidente Pierre Nkurunziza de usar falsas noticias para reavivar las tensiones étnicas, mientras simultáneamente descarta como mentiras los informes de ACNUR y UE sobre abusos de derechos humanos.[7]

No obstante, las falsas noticias no siempre se producen con una intención evidente. Lo que a menudo se disemina rápidamente en las redes sociales, especialmente tras una atrocidad o desastre natural, es simplemente información irresponsable y sin verificar. Cualquiera que haya estado en Twitter tras los recientes incidentes terroristas en Europa Occidental sabe cuánta ‘información’ contradictoria estuvo circulando.

Cascadas de información y burbujas de filtro

El 23

porciento de
los adultos de EE.UU.
han compartido
noticias falsas

Cualquiera sea su origen, las falsas noticias dependen de las redes sociales para extenderse amplia y rápidamente. Un estudio del Pew Research Center de 2016 sugiere que el 23 por ciento de los adultos de EE.UU. han compartido noticias falsas, a sabiendas o no.[8] Para entender por qué la gente las llega a compartir, necesitamos considerar las razones sociológicas y sicológicas.

La manera clave en que las redes sociales nos persuaden a compartir contenidos es mediante la demostración social. Cuantos más ‘me gusta’ o ‘compartir’ tenga una entrada, más probable es que nos guste o lo compartamos nosotros. Y así se extiende por círculos cada vez más amplios, acumulando por el camino más ‘me gusta’ y más ‘compartir’. No hace falta mucho para que se convierta en una ‘cascada de información’ imparable.

Así mismo, compartimos los mensajes que impactan nuestras emociones: si algo nos hace reír o llorar, o nos indigna, lo compartimos. Quizás también compartamos algo simplemente porque el titular o la imagen nos han estimulado los centros de placer del cerebro, aunque no hayamos entrado a examinar el contenido en sí. Si más adelante vemos algo que revela que lo que hemos compartido es falso, eso nos afecta menos. La refutación no nos estimula los centros de placer del cerebro, así que no nos molestamos en compartirla. Es decir que nuestra reacción a mucho de lo que vemos en las redes sociales es atávica, no racional.

Todos tenemos una fuerte tendencia sicológica a aferrarnos a información que confirma nuestras ideas previas.

Otro problema es el de la confirmación tendenciosa. Todos tenemos una fuerte tendencia sicológica a aferrarnos a información que confirma nuestras ideas previas. En sentido contrario, tendemos a evitar o rechazar cualquier cosa que nos cuestione. O sea que fácilmente creemos cualquier cosa que encaje con nuestra cosmovisión o valores preexistentes, y descartamos cualquier cosa que sea una amenaza para los mismos.

Incluso sin todos esos factores, las redes sociales seguirían siendo ‘burbujas filtros’. Cuando algo nos gusta y hacemos clic sobre ello, el algoritmo de actualización de noticias de Facebook nos envía más de la misma clase de cosas, y menos del tipo de contenido en el que no entramos. Día a día nuestras cronologías se van llenando cada vez más de cosas que, sean o no veraces, refuerzan nuestros puntos de vista.

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La verdad tropieza en la plaza

Cuando los ‘hechos alternativos’ asumen en una cultura el lugar de la verdad, esa cultura tiene serios problemas. Dice Katharine Viner: ‘No quiere decir que no haya verdades. Simplemente significa… que no podemos ponernos de acuerdo en lo que son esas verdades, y cuando no hay consenso sobre la verdad y no hay manera de alcanzarlo, pronto llega el caos’.[9]

La evaluación que Isaías hace de su sociedad es sorprendentemente pertinente: ‘Así se le vuelve la espalda al derecho, y se mantiene alejada la justicia; a la verdad se le hace tropezar en la plaza, y no le damos lugar a la honradez. No se ve la verdad por ninguna parte; al que se aparta del mal lo despojan de todo.’ (Is 59:14–15; ver también Jer 9:3–6).

Cuando el discurso público acaba siendo nada más que una competición entre puntos de vista opuestos que reclaman ser factuales, el debate sobre la verdad del evangelio se hace mucho más difícil.

Las implicaciones para la iglesia dan mucho que pensar. Cuando el discurso público acaba siendo nada más que una competición entre puntos de vista opuestos que reclaman ser factuales, el debate sobre la verdad del evangelio se hace mucho más difícil. A quienes insisten en la existencia de una ‘verdad verdadera’ se les descarta rápidamente como fanáticos, desentendiéndose de su mensaje. Cualquier apelación a una fuente de autoridad, tal como la Biblia, se neutraliza descontándola como simples viejas ‘falsas noticias’.

¿Qué hacemos ahora?

Pablo sigue en los pasos de Isaías al insistir en que la supresión de la verdad trae consigo la ira de Dios (Rom 1:18). ¿Nos ‘entregará’ Dios a seguir nuestros sentimientos en vez de la verdad, de manera que Occidente acabe totalmente desorientado y se hunda en el caos? ¿O nos aferraremos de nuevo a la verdad y la sensatez y nos apartaremos de la confusión relativista en la que estamos cayendo? Tenemos que orar que Occidente tome este segundo camino y que el mundo mayoritario no se vea también infectado por la enfermedad de la posverdad.

Veo algunas señales de que hay personas, e incluso compañías de medios, que se sienten cada vez más inquietos ante el estado actual de nuestra sociedad. Por ejemplo, Mark Zuckerberg se ha comprometido a encarar las falsas noticias en Facebook[10] y The New York Times ha prometido una ‘renovada orientación hacia la verdad y la transparencia’[11] por ejemplo. ¿Es que hay gente que se están empezando a dar cuenta de nuevo de lo vital que es la verdad para la sociedad? ¿O se trata simplemente de una momentánea reducción de velocidad en la degradación? Bien pudiera ser que el papel que los cristianos jueguen en la sociedad sea el factor decisorio.

Responder a las falsas noticias

Los cristianos debieran ser personas apasionadas por la verdad, porque seguimos a Aquél que es la Verdad (Juan 14:6). Sin embargo, resulta inconveniente e incómodo; nos hace impopulares y requiere valentía. Aun así, no debemos echarnos atrás. Y esto implica no sólo mantener la verdad intelectualmente, sino vivirla día a día.

Los labios mentirosos son abominación al SEÑOR, pero le agradan los que actúan con verdad (Prov 12:22).

Resulta tentador compartir algo que encaja cómodamente con nuestros puntos de vista, estemos o no seguros de su veracidad.  Sin embargo, no debemos nunca llegar a ser como aquellos contra quienes Pablo advertía que ‘se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír’ (2 Tim 4:3). Al contrario, debemos resistir la tendencia a ver nuestras ideas confirmadas y cuestionar el torrente de las aseveraciones que nos llegan. Debemos no dar por supuesto que la ‘demonstración social’ demuestra algo. Debemos comprometernos a descubrir la verdad, y esto implica hacer todo lo posible para asegurarnos de las fuentes de la información que nos llega

Los cristianos debieran ser personas apasionadas por la verdad, porque seguimos a Aquél que es la Verdad (Juan 14:6).

Nuestro compromiso con la verdad nos debe llevar más allá de simplemente informar y compartir cosas que son verdaderas. Debemos estar preparados para desafiar las aseveraciones falsas y las manipulaciones, para presentar puntos de vista alternativos y compartir nuevas perspectivas. Si queremos que la iglesia tenga un papel profético en la sociedad, tenemos que atrevernos a decir precisamente aquellas verdades bíblicas que más cuestionan e incomodan a la sociedad (Jer 7:27–28; Juan 16:7–11). Oremos por el valor para hacerlo.

Tony ayuda a líderes cristianos a desarrollar una mejor comprensión de la relación entre la Biblia (especialmente los profetas) y los medios de hoy en día. Colabora con varias organizaciones, como Damaris Norway y la Red Lausana de Relaciones con los Medios, de la que es el Coordinador. Es profesor invitado de la Norwegian School of Theology y de la Gimlekollen School of Journalism and Communications de Noruega. Tony es el autor de Focus: The Art and Soul of Cinema (Enfoque: el arte y alma del cine) y Dark Matter: A Thinking Fan’s Guide to Philip Pullman (Materia oscura: guía para fans pensantes de Philip Pullman), y coautor de otros siete libros. Visite tonywatkins.uk, donde encontrará recursos gratis sobre los medios y la Biblia.

Notas

  1. Nota del editor: Ver el artículo de Darrell Jackson titulado ‘BREXIT y su impacto en la misión europea’ en el número de septiembre de 2016 de Análisis Mundial de Lausana. Ver también, en el presente número, el artículo de Thomas Harvey titulado “Los primeros 100 días de Trump”.
  2. ‘Oxford Dictionaries Word of the Year 2016 is . . . Post-truth’, Oxford Dictionaries, 16 November 2016.
  3. Jonathan Freedland, ‘Post-truth politicians such as Donald Trump and Boris Johnson are no joke’, The Guardian, 13 May 2016. Mark Twain is credited (falsely, ironically) with saying ‘A lie will go round the world while truth is pulling its boots on’ (or lacing its boots). The Victorian preacher C.H. Spurgeon quoted the saying in Gems from Spurgeon (1859), referring to it as ‘an old proverb’.
  4. Katharine Viner, ‘How technology disrupted the truth’, The Guardian, 12 July 2016.
  5. Emma Jane Kirby, ’The city getting rich from fake news’, BBC Magazine, 5 December 2016; Samanth Subramanian, ‘The Macedonian Teens Who Mastered Fake News’, Wired, 15 February 2017.
  6. Robert Tait, ‘Czech Republic to fight “fake news” with specialist unit’, The Guardian, 28 December 2016.
  7. Rossalyn Warren, ‘”Fake news” fuelled civil war in Burundi. Now it’s being used again’, The Guardian, 4 March 2017.
  8. Michael Barthel, Amy Mitchell and Jesse Holcomb, ‘Many Americans Believe Fake News Is Sowing Confusion’, Pew Research Centre, 15 December 2016.
  9. Katharine Viner, ‘How technology disrupted the truth’.
  10. Mark Zuckerberg, Facebook note, 13 November 2016.
  11. Minda Smiley, ‘”We are preparing for the story of a generation”: New York Times executive editor Dean Baquet discusses covering President Trump’, The Drum, 12 March 2017.
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Tony ayuda a líderes cristianos a desarrollar una mejor comprensión de la relación entre la Biblia (especialmente los profetas) y los medios de hoy en día. Colabora con varias organizaciones, como Damaris Norway y la Red Lausana de Relaciones con los Medios, de la que es el Coordinador. Es profesor invitado de la Norwegian School of Theology y de la Gimlekollen School of Journalism and Communications de Noruega. Tony es el autor de Focus: The Art and Soul of Cinema (Enfoque: el arte y alma del cine) y Dark Matter: A Thinking Fan's Guide to Philip Pullman (Materia oscura: guía para fans pensantes de Philip Pullman), y coautor de otros siete libros. Visite tonywatkins.uk, donde encontrará recursos gratis sobre los medios y la Biblia.