El número de marzo del Análisis Mundial de Lausana incluyó el artículo “Por qué la gracia no es suficiente para alcanzar a los musulmanes: cómo equilibrar la gracia y la verdad en los esfuerzos por alcanzarlos”.[1] La autora, Jenny Taylor, criticaba a algunos escritores como Colin Chapman, argumentando que enfatizan la necesidad de la gracia al aproximarse a los musulmanes a costa de la verdad, minimizando las diferencias entre el islam y el cristianismo y negándose a relacionarse con “el lado oscuro” del islam.

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En este artículo, Colin Chapman y John Azumah, el Cocatalizador de Lausana la Red de Islam, sugieren que hay otras formas de pensar en el islamismo y la violencia en el nombre del islam.

Debemos permitir que los musulmanes definan qué es el “verdadero islam” y recordar que no todos los musulmanes son lo mismo

Muchos cristianos en Occidente piensan que están en condiciones de saber lo que es el islam, y que el islam yihadista del Estado Islámico (EI) está más cerca del “auténtico islam” o el “verdadero islam” que el denominado “islam moderado”. Cuando han existido tantos ejemplos recientes de violencia yihadista en diferentes países, es fácil llegar a la conclusión de que eso mismo nos dice algo acerca de la naturaleza esencial del islam.

Muchos musulmanes simpatizan, abierta o secretamente, con algunos de los objetivos del islam político, o “islamismo”. Sin embargo, la enorme mayoría se disocia del yihadismo y lo consideran una distorsión completa del islam.[2] De modo que debemos estar dispuestos a escuchar a los musulmanes y dejar que ellos nos digan lo que es el islam para ellos. Tal vez queramos cuestionarlos acerca de los versículos coránicos que se refieren a la yihad y la guerra, si ellos piensan que justifican la violencia hoy, pero no tenemos ningún derecho a pensar que sabemos mejor que ellos lo que es el “verdadero islam”.

Debemos permitir que los musulmanes se disocien, ellos mismos y sus creencias, de la violencia de los yihadistas

Esto es, tal vez, un ejemplo de cómo la Regla de Oro —tratar a los demás como nos gustaría ser tratados— debería funcionar en la práctica. Cuando los musulmanes nos cuestionan con relación a temas difíciles, como las Cruzadas o el matrimonio homosexual, es inevitable que muchos de nosotros deseemos disociarnos de creencias y prácticas de otros cristianos que, a nuestro criterio, están equivocados. De manera similar, debemos permitir que los musulmanes se disocien, ellos mismos y sus creencias, de la violencia de los yihadistas.

Podría ocurrir que sus argumentos nos resulten poco convincentes. Pero es aún menos convincente sugerir que la interpretación de los textos islámicos dada por Abu-Bakr al-Baghdadi del EI y Abu-Bakr Shekau de Boko Haram es más representativa del “verdadero” islam que la de todos los principales eruditos musulmanes alrededor del mundo que condenan y rechazan estas ideas.

¿Acaso este enfoque equivale a “imponer la realidad” al islam, “anglicanizándolo” o haciendo que sus ideas nos “resulten familiares y, por lo tanto, cómodas para manejar”, como sugiere Taylor? Lejos de imponer interpretaciones nuestras (de extraños) sobre el islam, este enfoque hace justicia a la diversidad de visiones expresadas por musulmanes en distintos puntos a lo largo de la historia islámica con relación a la guerra y la violencia. Cuando hayamos escuchado atentamente todos los lados, posiblemente queramos participar en “conversaciones duras”, pero lo haremos reconociendo la enorme diferencia que existe entre ellos, y rehusando imponer nuestra comprensión de lo que pensamos que es el islam realmente.

Los textos son importantes, pero no pueden ser considerados de manera aislada

El “textualismo” es el enfoque que busca explicar ideas o acciones principalmente, si no esencialmente, haciendo referencia a textos. Es claro que los textos islámicos —especialmente el Corán, los hadices, las biografías primitivas, los comentarios coránicos y los textos legales— deben ser tomados con toda seriedad:

  • Cuando los yihadistas en Irak o Siria han ofrecido a los cristianos la opción entre pagar el impuesto yizia, la conversión al islam o la muerte, creen que están siguiendo el ejemplo del Profeta y las primeras generaciones de musulmanes, según se describe en los textos más primitivos.[3]
  • Los escritos de musulmanes influyentes del siglo XX, como Abul A’la Mawdudi, en Pakistán, y Sayyid Qutb, en Egipto, apoyan claramente ideas supremacistas, y han tenido una profunda influencia sobre los yihadistas y también sobre voces más dominantes.

No obstante, estos puntos de vista han sido confrontados por otros musulmanes líderes.

Por lo tanto, tenemos que tomar nota de cómo los musulmanes mayoritarios hoy cuestionan las interpretaciones yihadistas. Señalan, por ejemplo, que los yihadistas ignoran y pasan por alto completamente los textos legales que fueron elaborados por las cuatro escuelas de derecho a lo largo de varios siglos y estipularon regulaciones estrictas acerca de cómo realizar la yihad.[4] Tim Winter, de Cambridge University, utiliza la siguiente ilustración para señalar la diferencia de enfoque entre los yihadistas y los líderes musulmanes mayoritarios: los yihadistas son como las personas que observan las estrellas a simple vista, mientras que los otros usan un telescopio para ver las estrellas más claramente. El telescopio, por supuesto, representa siglos de reflexión teológica y legal sobre las fuentes islámicas, y provee la lente a través de la cual interpretarlas.[5]

Por otra parte, si bien los textos son importantes, no pueden tomarse de manera aislada de todos los demás factores que contribuyen al yihadismo. Todos los islamistas que se han entregado a la violencia en años recientes lo han hecho en un contexto específico y en respuesta a algo que perciben como una injusticia, ya sea en Cachemira, Chechenia, Irak, Siria, Israel/Palestina o ataques recientes en Occidente. Algunos de estos factores son históricos, políticos, sociales, económicos, religiosos y psicológicos. Así que, si bien los textos son importantes, también debemos relacionarnos con los diferentes contextos en los que los musulmanes se encuentran y los resentimientos que guardan. Debemos tener cuidado con cualquier reduccionismo que diga: “Esta es la principal o la única causa de la violencia yihadista”.

Los musulmanes, desde el principio, han trabajado por la extensión territorial del islam, y durante siglos este fue el significado básico de la yihad. Las diferentes expresiones de islamismo en el período moderno no pueden ser entendidas fuera del contexto de la interferencia occidental en el mundo musulmán, la esterilidad y la debilidad de gran parte del islam tradicionalista, el sionismo y el fracaso del panislamismo y el nacionalismo árabe, y las dictaduras militares que se han convertido en estados corruptos de un solo partido.

La mayoría de los mensajes de video dejados por terroristas suicidas difícilmente se refieren a escrituras o tradiciones islámicas, sino a temas existenciales, la mayoría de los cuales son políticos. Por ejemplo, la resistencia palestina al movimiento colonial y de colonización sionista tiene que ser entendida principalmente en el contexto de su experiencia de desplazamiento. Dado que la mayoría de los palestinos son musulmanes, era inevitable que usaran la ideología islámica para apoyar su lucha. Pero el problema original no era el islam, sino el desplazamiento.

El artículo de Transformation[6] que menciona Taylor habla de “nueve ejemplos de movimientos islamistas que usaron violencia” y señala que, “en cada caso ha habido algo contextualmente específico —una injusticia percibida”. Sin considerar ninguno de estos ejemplos, Taylor minimiza la importancia de los temas políticos cuando dice: “Esto no es necesariamente cierto”. Luego dice: “Dos comentaristas recientes atribuyen la violencia en el Levante mediterráneo a la ‘testosterona’ y a la ‘frustración sexual’”. Ciertamente estas pueden agregarse como explicaciones adicionales detrás de la violencia yihadista e incluirse bajo los factores psicológicos, pero no pueden ser ofrecidas como una explicación alternativa que eluda los factores políticos.

Taylor cita con aprobación varios pasajes de Salafi-Jihadism: The History of an Idea, de Shiraz Maher, que explica cómo los yihadistas apelan a textos escriturales para apoyar sus acciones. El mismo escritor, sin embargo, no tiene dudas en cuanto a la importancia de los temas políticos en años recientes:

Todos los principales períodos de cambio conceptual [en el salafismo yihadista] han ocurrido en respuesta a la guerra . . . . La idea [de la necesidad de reforma política] nació de la experiencia colonial de los musulmanes en la India británica, cuando los teóricos imaginaron por primera vez cómo lograr los derechos de Dios dentro del sistema político . . . . Lo que queda claro es que la guerra y su nomenclatura asociada han impulsado cambios intelectuales en el salafismo yihadista.[7]

Entender la violencia yihadista no significa justificarla

Taylor cita una frase del artículo de Transformation que dice que no es difícil entender “cómo algunos islamistas . . . . pueden llegar a la conclusión —a partir de sus escrituras, su dogma y la historia— de que tienen una justificación adecuada para recurrir a la violencia”. La autora sugiere que esta frase equivale a una justificación de la violencia.

Entender la motivación que hay detrás de una acción no significa justificar esa acción. La meta del EI en Irak y Siria fue establecer un estado islámico liderado por un califa que esperaba que los musulmanes de todo el mundo se unieran y jurasen lealtad a él. Si los musulmanes siempre han mirado atrás al primer estado islámico establecido por Mahoma en Medina como una especie de era dorada, no es sorprendente que algunos de ellos hoy quieran establecer un gobierno completamente islámico donde la sharía tenga un poder absoluto.

Algunos yihadistas que han ido de Europa para unirse al EI tal vez hayan sabido poco acerca de la ideología islámica o el Corán, y pueden haber visto la lucha como una forma de escapar de los problemas domésticos, encontrar su identidad o demostrar su hombría. Algunos, provenientes de países árabes, tal vez se hayan visto motivados por la ira dirigida contra gobiernos árabes autocráticos y/u Occidente. Los terroristas suicidas palestinos han estado motivados por la ira, la desesperanza y sin duda la promesa de un acceso instantáneo al paraíso. Tratar de entender los muchos y variados motivos que han impulsado a estas personas a participar en la violencia no significa justificar sus acciones asesinas.

Nosotros también tenemos nuestros fallos, y tenemos que encontrar formas de afrontar estos problemas dentro de nuestras propias comunidades

Taylor desea, legítimamente, que los cristianos enfrentemos y nos relacionemos con “el lado oscuro del islam”. Sin embargo, centrarnos demasiado en este lado del islam puede fácilmente distraer nuestra atención de nuestros fallos, para centrarnos solo en los fallos de ellos. Esta clase de enfoque tiende a dejar a muchos cristianos paralizados por el temor, con actitudes defensivas y desconfiadas que hacen que sea difícil aproximarse al islam para formar relaciones.

En todo el mundo —y especialmente en Occidente—, muchos cristianos son muy ignorantes acerca del islam. Debemos reconocer los estereotipos que hemos creado sobre los musulmanes y nuestros prejuicios, tanto raciales como religiosos. Si bien no podemos justificar la violencia, tal vez tengamos que reconocer que, en algunos casos, los musulmanes tienen buenos motivos para estar enojados. Los cristianos de Occidente podrían tener una actitud más crítica de las políticas de sus gobiernos que han contribuido a conflictos en diferentes países. No podemos suponer que el surgimiento del EI en Irak y Siria no tenga nada que ver con la invasión de Irak en 2003 y el vacío posterior.

Taylor cita a Mark Durie donde señala a Etiopía como “un testimonio de la efectividad de la resistencia cristiana a la yihad”. Pero no menciona que Etiopía es conocida en la historia islámica como el lugar de refugio para la primera ola de refugiados musulmanes en 615. Este fue un gesto que obtuvo para Etiopía una exención especial de la yihad oficial durante siglos, interrumpida solo por un período de 15 años de violencia yihadista en el siglo XVI. Etiopía, que acaba de designar a un primer ministro musulmán, parece decidida a alejarse del azote del nacionalismo religioso, que en realidad ha producido tantas penurias a los musulmanes como a los cristianos evangélicos.

La mención que hace Taylor del impacto del ministerio del solitario estudiante de seminario etíope es interesante. El estudiante adoptó el enfoque de la “gracia” que Taylor cuestiona en su artículo, y lo hizo en un momento en que el resto de la iglesia se había retirado al búnker con el enfoque de la “verdad”. En tiempos de temor y conflicto, la compasión y la valentía exhibidas por el solitario estudiante de seminario fueron las que ganaron la partida; el enfoque de la gracia es suficiente para alcanzar a los musulmanes (cf 2Co 12:9).

Nota

  1. Nota del editor: Ver el artículo de Jenny Taylor “Por qué la gracia no es suficiente para alcanzar a los musulmanes”, en el número de marzo de 2018 del Análisis Mundial de Lausana https://www.lausanne.org/es/contenido/aml/2018-03-es/por-que-la-gracia-no-es-suficiente-para-alcanzar-a-los-musulmanes
  2. See for example Martin Accad, ‘ISIS and the Future of Islam’, Institute of Middle Eastern Studies, 6 November, 2015. The Institute of Middle East Studies, based at the Arab Baptist Theological Seminary in Beirut, is at present engaged in a project to document all the pronouncements of Islamic institutions and conferences which have responded to the emergence of ISIS in 2014.
  3. Nota del editor: Ver el artículo de un colaborador anónimo “¿Qué es el califato islámico, y por qué debería importar a los cristianos?”, en el número de mayo de 2017 del Análisis Mundial de Lausana https://www.lausanne.org/es/contenido/aml/2017-05-es/que-es-el-califato-islamico-y-por-que-deberia-importar-a-los-cristianos
  4. See the 2014 Open Letter to Al-Baghdadi signed by 126 leading Muslim scholars and figures from around the world.
  5. Abdel Hakim Murad (Tim Winter), Understanding the Four Madhhabs: The Facts about Ijtihad and Taqlid, The Muslim Educational Trust, London, 2012.
  6. Colin Chapman, ‘Christian Responses to Islamism and Violence in the Name of Islam,’ Transformation, 34:2 (March 2017), pp 115-30.
  7. Shiraz Maher, Salafi-Jihadism: The History of an Idea, Penguin, 2016, p 208.
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Colin Chapman trabajó durante 18 años con la Church Mission Society en Oriente Próximo, principalmente en Egipto y Líbano. Fue conferencista sobre Estudios Islámicos en Near East School of Theology, Beirut, hasta 2003, y ha enseñado recientemente en Arab Baptist Theological Seminary, Beirut, y en Bethlehem Bible College, Belén. Actualmente está jubilado en Cambridge, Reino Unido. Algunos de sus libros son Cross and Crescent: Responding to the Challenges of Islam (IVP) y Whose Promised Land?: The Continuing Conflict over Israel and Palestine (Lion).

John Azumah es Profesor de Cristianismo Mundial e Islam, y Director de Programas Internacionales en Columbia Theological Seminary, Decatur, Georgia. John se especializa en el islam y las relaciones cristiano-musulmanas, y ha publicado ampliamente en este campo, entre otros The Legacy of Arab-Islam in Africa: A Quest for Inter-Religious Dialogue, My Neighbour’s Faith: Islam Explained for Christians, dos volúmenes coeditados y varios artículos en revistas y capítulos de libros. Sirve como Catalizador de Lausana para el Islam.