Desde la era misionera, el cristianismo ha tenido un impacto positivo en el ámbito sociocultural en toda África. Además de la participación en la evangelización y el discipulado, diferentes comunidades cristianas estuvieron detrás de la fundación y el crecimiento de instituciones educativas primarias, secundarias y terciarias, centros de salud, proyectos de alivio de la pobreza, hogares de niños e incluso iniciativas cívicas. Como resultado, el cristianismo no solo continúa creciendo en gran parte del continente, sino que también ha logrado una aceptación pública significativa como una fuerza de bien social.

Ciertas prácticas están minando su credibilidad moral histórica y su fortaleza pública.

El auge de los falsos profetas

Ahora, sin embargo, existe la preocupante sensación de que ciertas prácticas están minando su credibilidad moral histórica y su fortaleza pública. Desde una perspectiva eclesiológica y teológica, el núcleo del problema radica en el rápido aumento y la visibilidad mediática de pastores “cuestionables”, que son los falsos profetas de nuestros días. Entre los muchos autoproclamados “hombres de Dios” o “siervos de Dios”, los valores que tradicionalmente han distinguido al ministerio cristiano están cada vez más ausentes:

  • Valores como la humildad, la compasión, el servicio desinteresado y el liderazgo de siervo son ahora reemplazados cada vez más por una preocupación por la conciencia de la imagen, la autoexaltación y la ampliación de la influencia del ministerio personal a cualquier costo.
  • Anteriormente, valores como la generosidad y la caridad, acompañados de un estilo de vida frugal, eran indicadores evidentes de buenos líderes de iglesia, pastores o clérigos y de cualquier tipo de trabajadores de la iglesia, como evangelistas o catequistas. Ante una dificultad, un cristiano pobre podría esperar obtener ayuda temporal incluso de un pastor materialmente empobrecido que compartiría lo poco que poseía. Estos valores de las generaciones anteriores de trabajadores cristianos son reemplazados cada vez más por lo que parece ser un énfasis indiscriminado en la bendición material como indicador de una relación genuina con Dios.

No conozco ningún otro ministerio que haya dañado la imagen de la iglesia en el ámbito público africano hoy más que el de los profetas autoproclamados que han pervertido lo que los carismáticos creen que es un ministerio profético genuinamente bíblico. Si bien este fenómeno no es exclusivo de África, este tipo de abuso público del ministerio pastoral y profético parece ser más obvio aquí que en otros lugares. Para esta raza creciente de pastores codiciosos, cuanto mayores son sus pertrechos materiales más evidente es el sello de la aprobación de Dios sobre su ministerio. La Biblia advierte que en los últimos días habrá muchos falsos profetas, y los falsos profetas han aparecido y desaparecido a lo largo de la historia de la iglesia. Sin embargo, esto ahora está demasiado extendido en la iglesia en África.

Las razones detrás del fenómeno

Hay muchas razones para el gran crecimiento de los profetas autoproclamados:

  • En un continente donde la iglesia está creciendo exponencialmente, más rápido que en cualquier otro período de la historia, la paradoja bíblica del trigo y la cizaña que crecen juntas es real.
  • Muchos de estos profetas se aprovechan de los numerosos problemas de un continente que experimenta una rápida transformación social.
  • Los africanos son personas naturalmente religiosas. Como los estudiosos han señalado repetidamente, la cosmología africana no separa lo espiritual de lo no espiritual; por lo tanto, las esferas económica, médica y cultural de la realidad están abiertas a múltiples interpretaciones.

Incluso los profetas carismáticos que han servido bien en el pasado pueden ser desviados por la fama, el éxito y el orgullo hasta el punto de convertirse en charlatanes para mantener su imagen.

Muchos líderes carismáticos son reconocidos y respetados como profetas, algunos de los cuales tienen historias genuinas de haber provisto un liderazgo espiritual decisivo en momentos sociales significativos. Sin embargo, este trasfondo de buenos profetas carismáticos, que tienen un largo historial de ministerio, ha hecho que sea más difícil para la mayoría de los cristianos comunes distinguir a los falsos profetas de los genuinos.

Incluso los profetas carismáticos que han servido bien en el pasado pueden ser desviados por la fama, el éxito y el orgullo hasta el punto de convertirse en charlatanes para mantener su imagen. Como Jesús mencionó en esa parábola del trigo y la cizaña, en un campo que está realmente vivo con la lluvia del espíritu de Dios, es difícil distinguir la obra del diablo. Por lo tanto, en el ministerio cristiano y en la reflexión teológica necesitamos cada vez más plantear este problema y seguir buscando en las Escrituras, para guiar a más cristianos en la dirección correcta.

Profetas genuinos contra falsos: una perspectiva bíblica

Según la teología carismática, como una de los ministerios de liderazgo del Antiguo Testamento (1S 9:9, 11, 19; 2S 15:27) y del Nuevo Testamento (Ef 4:11), el ministerio profético está disponible para hombres y mujeres seleccionados (Hch 2:17). Mujeres como Miriam (Éx 15:20), Débora (Jue 4:4), Huldá (2R 22:14; 2Cr 34:22), Noadías (Neh 6:14) y Ana (Lc 2:36) se unieron a las filas de hombres llamados a dirigir, construir y llevar a la madurez al pueblo de Dios como una comunidad temerosa de Dios.

Los carismáticos creen que un profeta llamado por Dios sirve como un canal confiable de comunicación entre Dios y la humanidad en lugares específicos y bajo circunstancias específicas (1R 17:1). También pueden ser llamados a revelar o predecir cosas que de otra manera se mantendrían ocultas, a fin de restaurar la verdad y alentar la búsqueda de justicia en naciones enteras (Amós, Jonás). Un profeta también podría denunciar el mal entre los líderes de la sociedad en general (Dn 5:13-31; Natán en 2S 12:1-12 y Juan el Bautista en Mt 14:1-12).

Los profetas cuyas intenciones son egocéntricas o malvadas han existido desde los tiempos bíblicos (Mt 7:15-20; Hch 13:6-12; 2P 2:1-3; Jer 29:9). Tres cosas distinguen a un profeta genuino del falso:

Un profeta genuino a menudo es entrenado a través de una relación larga y probada con Dios.

Su conducta no contradice la Palabra de Dios (1Jn 4:1-3).

Sus predicciones se cumplen, y a menudo conducen a buenos resultados en la sociedad, particularmente en interés de los pobres y marginados (Dt 18:20-22; Nm 23:19; Ez 33:33; 1S 3:19; 2Cr 18:13 y Mt 24:35).

El contexto africano

Durante muchas décadas, las cosmovisiones religiosas pluralistas de la cosmología africana y la obvia religiosidad contemporánea de los africanos han sido objeto de estudio entre los principales investigadores africanos, entre los que se encuentran actualmente Nimi Wariboko, Opuku Onyina, Ogbu Kalu y Kwabena Asamoah-Gyadu. Ogbu Kalu argumenta que la cosmovisión de los africanos aborda la realidad a través de múltiples prismas culturales y religiosos.[1] En la causalidad tradicional, la comprensión del destino —y su mejoramiento—, la evitación del mal, la supervivencia y la preservación del bien suceden a través de la intervención religiosa.[2]

En sus numerosos estudios sobre religión y la sociedad africana, Stephen Ellis y Gerrie Ter Haar demuestran la importancia de tener en cuenta la visión de la realidad y la cosmología de los africanos al examinar el papel de la religión en la esfera pública. Los africanos no tienen ninguna distinción estructural entre el mundo visible e invisible, aunque los mundos son distinguibles.[3] La conexión entre el mundo real y el invisible está controlada por fuerzas sobrenaturales: las fuerzas del bien y del mal.[4] La conciencia de estas fuerzas buenas y malas es una fuente importante de miedo y ansiedad.[5]

Los africanos ven a los funcionarios religiosos como personas que poseen habilidades sobrenaturales para intervenir en las incertidumbres de la vida causadas por las actividades de las fuerzas espirituales en el mundo invisible.

Para estar libre de los ataques del mal, uno debe ser intencional en la búsqueda de protección de los funcionarios religiosos que tienen acceso a las fuerzas sobrenaturales del bien. Esta creencia coloca a los funcionarios religiosos en una posición estratégica como mediadores especiales entre los reinos de lo sagrado y lo secular, así como entre los mundos del bien y del mal. Según Asamoah-Gyadu, “los funcionarios o especialistas religiosos son personas que, debido a su cercanía a las realidades sobrenaturales, la posesión de poder místico o la intuición, y el conocimiento del funcionamiento de misteriosas fórmulas y objetos religiosos, ocupan un lugar central en la religión como portavoces de seres y poderes trascendentes”.[6] Los africanos ven a los funcionarios religiosos como personas que poseen habilidades sobrenaturales para intervenir en las incertidumbres de la vida causadas por las actividades de las fuerzas espirituales en el mundo invisible. Desde una perspectiva africana, esto es lo que explica la prevalencia del ministerio profético, tanto en su expresión carismática genuina, como ahora, en la forma pervertida que está desacreditando a toda la iglesia.

Algunos ejemplos

Recientemente en Sudáfrica, víctimas de presuntos abusos sexuales detallaron sus experiencias a la BBC y criticaron la invulnerabilidad de los llamados hombres de Dios que usan sus posiciones de «profeta» para encubrir los abusos.[7] Una severa reacción contra los líderes de la iglesia llevó al presidente de Sudáfrica a instar a los sudafricanos a unirse para frenar la amenaza de los falsos pastores. Esto fue seguido por una protesta pública de tres días, encabezada por Solomon Izang Ashoms, fundador del Movimiento contra el Abuso en las Iglesias. El hecho de que esto tuviera que ser una protesta en la que participaran políticos y activistas civiles en lugar de la iglesia sugiere que la iglesia no está desempeñando su papel como luz encendida en una colina o la sal de la tierra.

Algunas afirmaciones de poder profético rayan en lo ridículo e irracional. Sin embargo, en una era de redes sociales, sus afirmaciones los hacen aún más populares, ya que las personas pobres y desesperadas buscan ayuda dondequiera que pueden. Un famoso profeta autoproclamado de Zimbabue y otro de Malawi anunciaron que habían encontrado curas para el VIH/SIDA, impidiendo que los pacientes busquen ayuda médica. Un predicador sudafricano alienta a sus seguidores a comer pasto y a beber gasolina, mientras que otro rocía insecticida sobre los feligreses para ejercer la liberación del mal.[8]

Hay quienes hacen afirmaciones que bordean la blasfemia. En un momento, un profeta de Kenia afirmó tener los poderes de Moisés y Elías, y haber recorrido el cielo y mantenido conversaciones con Dios. En 2017, la policía en el estado de Oyo en Nigeria exhibió a un pastor que presuntamente poseía una cabeza humana y elementos rituales. En otros lugares, las denuncias de abuso sexual y estafas a personas con dinero y propiedades a menudo se filtran a las redes sociales.

Los falsos profetas han aprendido astutamente a repetir como loros lo que los seguidores empobrecidos o perturbados están desesperados por escuchar. A pesar de la conciencia de los abusos, los profetas autoproclamados retienen a miles de seguidores que financian sus actividades.

Intervenciones del gobierno

En 2016, el fiscal general de Kenia propuso una larga lista de requisitos para las iglesias, que incluían una educación teológica mínima, umbrales anuales de membresía y la afiliación a organizaciones paraguas.[9] Sin embargo, este protocolo fue abandonado rápidamente, ya que el gobierno y las organizaciones eclesiásticas existentes carecían de la fuerza de voluntad para aplicarlo. Uno de los esfuerzos más exitosos en la supervisión reguladora provino del gobierno de Ruanda, que ha introducido requisitos estrictos para iglesias nuevas y existentes. Estas medidas gubernamentales son vitales, pero se necesita mucho más trabajo entre las iglesias basado en una perspectiva bíblicamente sólida.

Es urgente que la iglesia promueva el tipo de alfabetización bíblica y discipulado que aborde los problemas contemporáneos que llevan a los fieles a estos profetas.

¿Qué debe hacer la iglesia?

Este enorme desafío pone de relieve múltiples problemas que deben abordarse. Las intervenciones deben incluir la evaluación de los modelos existentes de reclutamiento y capacitación de líderes, incluido un replanteamiento del plan de estudios teológico utilizado para capacitar a los líderes.[10] Es urgente que la iglesia promueva el tipo de alfabetización bíblica y discipulado que aborde los problemas contemporáneos que llevan a los fieles a estos profetas en primer lugar.

Estas soluciones requerirán una colaboración y coordinación intencionadas. Esto implicará oportunidades locales, panafricanas y mundiales para el trabajo en red, la colaboración y el mentoreo de pares entre capacitadores de pastores y profesionales. Se necesitarán conferencias que se centren en el cristianismo bíblico y el discipulado de los profesionales del ministerio cristiano. Finalmente, aquellos que conocen la verdad y están preocupados por el estado actual de la iglesia africana deben orar por el apuntalamiento de sus cimientos y su madurez como la iglesia de Cristo en África.

Notas

  1. Ogbu Kalu, ‘Yabbing the Pentecostals: Paul Gifford’s Image of Ghana’s New Christianity’, African Pentecostalism: Global Discourses, Migrations and Exchange and Connects, Wilhelmina J. Kalu, Nimi Wariboko, and Toyin Fabola, eds., (Trenton, NJ: Africa World Press, Inc., 2010), 149-62.
  2. Cephas N. Omenyo, and Wonderful Adjei Arthur, ‘The Bible Says! Neo-Prophetic Hermeneutics in Africa’, Studies in World Christianity, Vol. 19, No. 1 (2013), 56-57.
  3. Stephen Ellis and Gerrie Ter Haar, ‘Religion and Politics: Taking Epistemologies African Seriously’, The Journal of Modern African Studies, Vol. 45, No. 3 (Sep. 2007), 385-401, 377.
  4. Ruth Marshall, ‘Pentecostalism in Southern Nigeria: An Overview’ in New Dimensions in African Christianity, ed. by Paul Gifford (Nairobi: All Africa Conference of Churches, 1992), 22.
  5. David T. Adamo, Exploration in African Biblical Studies (Benin City: Justice Jeco Press and Publishers Limited, 2005), 54.
  6. J. Kwabena Asamoah-Gyadu, ‘‘Blowing the Cover:’ Imagining Religious Functionaries in Ghanaian/Nigerian Films’, Religion, Media and the Marketplace, Lynn Schofield Clark, ed., (London: Rutgers University Press, 2007), 224-43.
  7. Mbuleo Mtshilibe, ‘Fake Pastors and false Prophets rock South African faith’ in BBC News: https://www.bbc.com/news/av/world-africa-47541131/fake-pastors-and-false-prophets-rock-south-african-faith.
  8. ‘Religious Trickery Lines the Pockets of False Prophets’ in The Sunday Independent: https://www.iol.co.za/sundayindependent/dispatch/religious-trickery-lines-the-pockets-of-false-prophets-7153764/.
  9. Tom Osanjo, ‘Kenya’s Crackdown on Fake Pastors Stymied by Real Ones’ in Christianity Today: https://www.christianitytoday.com/ct/2016/june/kenya-crackdown-fake-pastors-stymied-real-ones.html.
  10. Nota del editor: Ver el artículo de Ashish Chrispal “Restaurar la visión misional en la educación teológica” https://www.lausanne.org/es/contenido/aml/2019-09-es/restaurar-la-vision-misional-en-la-educacion-teologica y el artículo de Brian Woolnough “Repensar la educación en el seminario” https://www.lausanne.org/es/contenido/aml/2019-09-es/repensar-la-educacion-en-el-seminario en el número de septiembre 2019 del Análisis Mundial de Lausana.
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B. Moses Owojaiye, PhD, es el Director General de Centre for Biblical Christianity in Africa. Es ex-alumno de ECWA Theological Seminary, Igbaja, Nigeria, Africa International University y University of Edinburgh. Actualmente, es pastor de First ECWA Church, Ilorin y miembro del profesorado adjunto de ECWA Theological Seminary, Igbaja.