Las personas en su lugar de trabajo: Prepararse para ser “toda la iglesia”

Nota del Editor: El presente Texto Previo para Ciudad del Cabo 2010 fue escrito por Willy Kotiuga como un panorama general del tema a debatirse en la sesión Multiplex sobre “Prepare su mercado para un viaje de fe”. Los comentarios a este texto realizados a través de la Conversación Global de Lausana serán remitidos a los autores y a otros para ayudar a dar forma a su presentación final en el Congreso.

Extracto

Uno de los grupos humanos más numerosos, que se extiende a través de todas las naciones y continentes y que se encuentra “inactivado”, es el del lugar de trabajo, en el cual la mayor parte de la población mundial participa activamente en ganar dinero para sustentar a sus familias. En todos los segmentos del lugar de trabajo hay creyentes que tienen una relación personal con Dios. Algunos son sumamente efectivos en el uso de su lugar de trabajo para invitar a los demás a unirse a ellos en su viaje, mientras que para otros el lugar de trabajo es un ámbito donde la fe caracteriza su conducta, pero no mucho más que eso. Los campos están listos para la siega y en el lugar de trabajo hay muchos segadores, pero tan solo un pequeño porcentaje participa activamente en proclamar esperanza a un mundo que la está buscando.

Si bien no existe mayormente desacuerdo respecto de la teología de ser sal y luz donde fuimos plantados, la realidad de nuestra situación actual es que nos falta pasión para vivir en la práctica nuestra responsabilidad de proclamar a Cristo como el Salvador. En este artículo analizamos la situación en la que nos encontramos actualmente, destacamos los muchos desarrollos positivos del ministerio en el lugar de trabajo y echamos una mirada a las barreras que impiden que lleguemos al lugar donde Dios quisiera que estemos de modo que exista un desarrollo sostenido en la adecuada capacitación de los creyentes en el lugar de trabajo, para que hagan lo que Dios los ha llamado a hacer.


1.El Contexto (La base bíblica)

Somos llamados a ir por todo el mundo y eso incluye el lugar del mundo en el cual Dios nos ha puesto. Hasta donde sea que se extienda nuestra esfera de influencia, debemos ser sal y luz para que el mundo vea. Este llamado no distingue entre los obreros cristianos profesionales en las Iglesias o las agencias cristianas, y los que tienen ocupaciones comunes. Aun Jesús se desempeñó en Su vocación de carpintero hasta el tiempo de dedicar el último diez por ciento de Su vida a proclamar a tiempo completo el evangelio del reino a las multitudes.

La Biblia contiene numerosos ejemplos de héroes que demuestran que la fe fue esencial en la manera en la cual desarrollaron su tarea en su lugar de trabajo. El elemento común en todas las historias es que su viaje de fe y su actividad laboral eran una y la misma cosa, donde la fe y el trabajo eran mutuamente interdependientes. Ellos no distinguían entre trabajo y espiritualidad al vivir de manera práctica su fe las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana (24/7).

La fe de José no solamente lo sostuvo en las cuatro carreras independientes que desarrolló (negocios familiares, administración hogareña, administrador de una prisión y funcionario público), sino que también fue un elemento clave en su ascenso a la cima en cada posición que ocupó. Pablo utilizó su habilidad en la fabricación de tiendas no solo para sostener financieramente su esfuerzo misionero sino también como un medio para alcanzar a una audiencia que no podía darse el lujo de participar en debates públicos sobre cuestiones de fe. Daniel llegó a ocupar puestos muy altos debido a la sabiduría que Dios le dio y a su inquebrantable consagración a los principios divinos, aún a riesgo de su vida. Todos los aspectos de la vida de estos hombres eran ofrendas de excelencia para Dios.

2.Nuestra situación actual

Los ejemplos bíblicos han servido de inspiración para la creación de muchas organizaciones con diversas penetraciones en comunidades de todo el mundo. La capacidad de Pablo en la fabricación de tiendas inspiró a una generación de obreros bivocacionales para utilizar sus habilidades como una manera de entrar en culturas que de otro modo habrían estado cerradas a la obra misionera “formal”. El movimiento Negocios como Misión (BAM, por sus siglas en inglés), ha dado este paso al frente al alentar y capacitar a emprendedores para establecer negocios legítimos autosustentables en todo el mundo. Estos negocios son ejemplos vivos del obrar de Dios a través de personas decididas a vivir el evangelio de manera práctica utilizando las habilidades que Dios les ha dado.

Hombres y mujeres de fe en todo el mundo han llevado la iglesia a su lugar de trabajo de diversas maneras creativas. Se realizan estudios bíblicos en los lugares de trabajo tanto en compañías grandes como pequeñas. Estos estudios no solo son una fuente de aliento para quienes asisten a ellos, sino también un recordatorio de que vivir la fe en forma práctica es una responsabilidad “24/7” que se extiende más allá de las fronteras de las congregaciones locales. Muchos de estos estudios bíblicos han permitido que trabajadores que buscan a Dios lo encuentren al descubrir la relevancia de la fe para la vida diaria.

Las comunidades o sociedades cristianas conformadas con personas que comparten la misma profesión reúnen a los profesionales de esas disciplinas para ser una fuente de aliento mutuo y para explorar maneras en las cuales pueden utilizar efectivamente su experiencia profesional para edificar el reino de Dios aquí en la tierra.

Sin embargo, la vida de fe y la vida profesional no siempre están alineadas. Vivimos sobre la base de un paradigma de lo secular en contraste con lo sagrado, que separa a la iglesia de lo que sucede en el lugar de trabajo. Según este paradigma, la fe se expresa esencialmente dentro de los límites del edificio de la iglesia o de las funciones debidamente autorizadas u organizadas por ella. Pero esa misma fe no siempre se extiende al lugar de trabajo donde las personas pasan unas 40 horas a la semana junto a otras que viven en mundos no familiarizados con el evangelio.

Existen muchos “trabajadores” en el lugar de trabajo que no están poniendo en práctica todo su potencial para declarar las buenas nuevas. Vivir la fe en forma práctica va más allá de ser simplemente un buen ejemplo en el trabajo. El llamado para hacer discípulos nos pide que expresemos nuestra fe invitando de manera deliberada a otros a unirse a nosotros en nuestro viaje de fe. La desconexión entre la teología y la práctica ha dejado a muchas personas con un llamado “incompleto”. Trabajamos porque Dios nos diseñó para que obedezcamos su mandato original al tiempo que proclamamos las buenas nuevas.

3. Preguntas importantes

¿Qué ocurrió para que nos volviéramos tan poco efectivos en alcanzar a los miles de millones de personas que trabajan al lado de quienes tienen una relación viva y personal con Dios? Dentro de los cada vez más numerosos ámbitos de trabajo multiétnico en el mundo occidental, la penetración en los lugares de trabajo representa una oportunidad sin precedentes de tener acceso a la vida de personas de todas las naciones del mundo.

En la iglesia se nos enseña que debemos ir a todo el mundo, y sin embargo la iglesia ha hecho poco por capacitar a los creyentes con herramientas y con la comprensión respecto de la manera en la cual Dios ve el lugar de trabajo. Nuestra manera de ver el trabajo ha influido en la manera en la cual actuamos en él. ¿Consideramos el trabajo como un mal necesario o como una oportunidad maravillosa? Si lo vemos como un mal necesario, todo lo relacionado con el trabajo se vuelve mucho menos que santo.

Es cierto que nuestra fe y la enseñanza que recibimos en la iglesia moldean nuestra conducta y valores. Pero lamentablemente, en una sociedad cada vez más pluralista, ser personas “agradables” no es suficiente. ¿Conocemos el corazón de nuestros compañeros de trabajo? ¿Los vemos como Jesús los ve? Nuestra pasión en la iglesia, ¿se aplica también a nuestra responsabilidad en nuestro trabajo, de invitar a otros a sumarse a nuestro viaje de fe? Nuestro compromiso de reunirnos en nuestras congregaciones, ¿se aplica también a demostrar un amor práctico hacia nuestros colegas y clientes cuando nos diseminamos como pueblo de Dios? Gran parte de la importancia estratégica del lugar de trabajo surge de la realidad que allí estamos constantemente rodeados de colegas, competidores y clientes. La mayoría de nosotros mantiene diariamente un diálogo cercano con personas no creyentes.

La enseñanza, la capacitación y las herramientas son necesarias pero no suficientes para recoger la cosecha que aguarda. Nuestro entendimiento y nuestro corazón deben ensancharse para ver lo “secular” como algo que Dios quiere hacer santo. Cada uno de nosotros tiene una responsabilidad en hacer que esto ocurra; no por nuestras fuerzas, sino por el poder del Espíritu Santo. No podemos hacerlo solos, pero sí es posible en sociedad con Dios. Una comprensión sana de la manera de trabajar en sociedad con Dios en el lugar de trabajo contribuirá en gran medida para llevar a la iglesia hasta allí.

4. Dónde queremos estar

En un ámbito de trabajo sagrado hay una proclamación de fe vibrante y relevante, cuyo poder proviene de la acción del Espíritu Santo y que es sustentada por la oración de la iglesia, la cual es dinámica, vigorizante y dota de poder a las personas. El lugar de trabajo es uno de los pocos ámbitos en los cuales los creyentes tienen acceso a una audiencia durante 40 horas a la semana. El lugar de trabajo es ideal para encarnar el evangelio al vivir una vida que refleje gracia y verdad. Existen pocos escenarios evangelísticos donde ocurra algo semejante.

La reflexión sobre la manera en que funcionamos como iglesia se ha convertido en un eslogan, aunque la mayor parte del esfuerzo se ha dirigido al mejoramiento y perfeccionamiento de programas existentes, sin tocar las cuestiones fundamentales que abrirían puertas para ver a Dios moverse de maneras poderosas. Existen historias increíbles de cómo Dios se ha movido en iglesias que estuvieron dispuestas a replantearse la manera en que vivían en forma práctica las buenas nuevas.

Orientar esta reflexión hacia la capacitación de las personas para que vivan y proclamen su fe en su lugar de trabajo nos ayudaría a avanzar desde el punto de simplemente estar presentes en nuestro trabajo al de vivir nuestra fe en nuestro trabajo. Adecuadamente equipados con una visión holística divina del lugar de trabajo, los trabajadores se convertirán en segadores altamente motivados. Una irrupción profunda dentro del mundo solo ocurrirá cuando los trabajadores participen activamente en su lugar de trabajo.

Sin embargo, lograr una participación profunda de los trabajadores en los lugares de trabajo requerirá un cambio en la mentalidad predominante en la iglesia, para que se acepte a los trabajadores en su lugar de trabajo como obreros de Cristo a tiempo completo. La distinción –junto con la parcialidad asociada a ella– entre obreros cristianos a tiempo completo que reciben un salario y los laicos debe desaparecer en relación con el concepto de ser llamado al ministerio.

El mayor potencial de crecimiento para la iglesia en la próxima generación se encuentra en las personas hambrientas de relaciones significativas en los lugares de trabajo. Nuestros trabajadores se encuentran en campos listos para ser cosechados, pero aún no han aprendido cómo hacerlo de manera efectiva.

5. Cómo llegamos allí

Lamentablemente, no hay una receta universal para llegar a donde nos gustaría estar. Pero hay varios pasos claves que podemos dar hoy para acercarnos al propósito de Dios para nosotros. La iglesia y lo secular se han mantenido en esferas separadas durante muchos años. Cada uno tiene su propia cultura que separa el lugar de trabajo de la iglesia.

Las personas no responden hasta que sienten la necesidad de hacerlo. En la iglesia oímos las buenas nuevas y que Dios desea traer esperanza al mundo, pero cuando entramos en el mundo el lunes no hay invitaciones hechas a nuestros compañeros de trabajo para que descubran la gracia de Dios, Su perdón y Su esperanza. Hay una falta de pasión por el bienestar espiritual de nuestros compañeros de trabajo. Con el correr de las semanas se vuelve “normal” disociar la iglesia del trabajo. La brecha entre la teología y la praxis crece, creando un paradigma en el cual la iglesia se vuelve cada vez menos relevante para el lugar de trabajo y viceversa.

Las dinámicas de los domingos y de la semana laboral que existen actualmente son dos mundos separados, aunque no debería ser así. En general, los trabajadores y los pastores viven según paradigmas diferentes. Muchos pastores han pasado la mayor parte de su carrera dentro del ministerio profesional y no comprenden con claridad la dinámica del ámbito laboral. Tampoco los trabajadores han enseñado a los pastores cómo transcurre su semana dentro del lugar de trabajo. Como resultado, cada uno permanece en su respectivo mundo, reuniéndose únicamente dentro del marco de las actividades de la iglesia. Los trabajadores tienen la responsabilidad de llevar a sus pastores a conocer su lugar de trabajo y los pastores deben ser más proactivos en la comprensión de la esencia y el contexto de la cultura de trabajo de sus feligreses. El evangelio no consiste simplemente en teología, sino en transmitir ejemplos vivientes de lo que funciona y lo que no funciona.

Estudios bíblicos a la hora del almuerzo, encuentros de oración temprano por la mañana con otros creyentes y conversaciones informales en los momentos de descanso son parte de la solución. Conferencias en los lugares de trabajo y algunos de los libros y estudios existentes sobre el lugar de trabajo son herramientas útiles y pueden ayudar como punto de partida. Sin embargo, el problema es que, en general, muchas personas no integran el trabajo con el ministerio. No contamos con muchos ejemplos destacados de trabajadores cristianos que sean capaces de integrar perfectamente su expresiva fe dominical con el trabajo a lo largo de la semana. La fe de muchas personas tiende a ser compartimentalizada. Muy pocos creyentes realizan en su trabajo contribuciones dignas de mencionar o celebrarse los domingos en la iglesia.

La iglesia debe cobrar vida en los lugares de trabajo, transformándolos en sagrados. Debemos ver el trabajo como parte integral y esencial del campo misionero que tenemos delante de nuestra puerta. Deben ocurrir dos cosas para salvar de manera efectiva la brecha entre iglesia y trabajo: debemos reconsiderar globalmente el papel de la iglesia en el apoyo de nuestros emisarios en los lugares de trabajo y reconsiderar el papel del trabajo en la motivación de los emisarios. Sin una reconsideración deliberada y acciones concretas, continuaremos perpetuando el paradigma actual de trabajadores que hacen muy poco para levantar la cosecha que está esperando que le prestemos atención.

El movimiento Negocios como Misión (BAM ) ha demostrado que debemos ser mucho más intencionales en la penetración en los lugares de trabajo. Su énfasis en el aspecto práctico de capacitar a empresarios para conseguirlo necesita llegar a ser parte de la cultura de la iglesia. Una característica común de los integrantes de BAM es su gran pasión por su misión y su disposición para arriesgar todo con tal de alcanzar sus objetivos.

Debemos ver el trabajo como una oportunidad de misión, un lugar dentro del cual llevar el don del amor de Dios a personas con quienes normalmente no tendríamos contacto. Para transformar el paradigma secular actual de “trabajar para vivir” en el de “infundir la vida de Dios al trabajo”, la iglesia debe convertirse en más que simplemente adoración y enseñanza.

6. Qué debemos hacer ahora

No necesitamos planes complicados ni estrategias; simplemente debemos comenzar. Pero para ayudarnos a comenzar, necesitamos implementar modelos sencillos que sabemos que funcionan y luego construir sobre las experiencias actuales. Para un buen comienzo, ya contamos con muchos buenos libros motivacionales, estudios y ejemplos (y también con bastante culpa por no hacer lo suficiente). Lo que no tenemos es suficiente masa crítica para edificar y crear impulso de manera de hacer sustentable el proyecto.

Salvar la división actual entre lo secular y lo sagrado comienza con llevar a la iglesia al lugar de trabajo. Una mayor participación de los laicos en el desarrollo de estrategias como ocurre en Ciudad del Cabo 2010 es un buen comienzo. Aunque los pastores se relacionan con los laicos en el contexto de la iglesia, los debates suelen centrarse principalmente en asuntos de la iglesia y no en la misión en el lugar de trabajo. Muchos pastores no poseen la experiencia previa ni el conocimiento suficiente para debatir sobre los aspectos prácticos de la misión de llevar el evangelio a los lugares de trabajo. Es clave educar a los laicos sobre la manera de incorporar los asuntos relacionados con sus lugares de trabajo a los proyectos de la iglesia, pero paralelamente es necesario ayudar a los pastores a ver las posibilidades de misión dentro de los lugares de trabajo. Todo lo que podamos hacer es un regalo a Dios, ya sea que se trate de predicar, enseñar, diseñar, cocinar, limpiar, crear hojas de cálculo u operar una máquina; y todo ello debe reflejar una excelencia que sea una ofrenda digna, agradable a Dios.

La mejor capacitación y las mejores herramientas juntarán polvo en nuestros estantes a menos que exista una pasión renovada que solo puede provenir de la oración y el mover del Espíritu de Dios. El púlpito es un instrumento poderoso pero solo si es relevante. Repetir mecánicamente viejos clichés sin entender la dinámica del mundo del trabajo no hará más que ampliar la división entre lo secular y lo sagrado.

Este es el momento de hacer a un lado los viejos paradigmas y comenzar el proceso de transformar los lugares de trabajo en tierra santa donde Dios sea invitado a obrar por medio de la vida de cada uno de nosotros. Comenzar es maravilloso, pero sin sustentabilidad como parte integral del proyecto, la misión en los lugares de trabajo se convertirá en una moda pasajera y no en una realidad creciente. Debemos pedir a Dios que levante campeones para liderar los procesos. Necesitamos que estos campeones trabajen con los creyentes de todas las vocaciones y llamados para construir una comunidad práctica que promueva la excelencia y mantenga el impulso.

Contamos con herramientas tales como Internet y Skype que pueden facilitar el intercambio de conocimiento a través de comunidades virtuales que pueden producir efectos poderosos. Por medio de la tecnología, no solo podemos compartir sino también experimentar el mover de Dios en tiempo real. Debemos poner en movimiento las ruedas que nos llevarán a lugares que habríamos pensado imposibles.

7. ¿Cuáles son las características de un ambiente de trabajo sagrado? – El modelo de José

Debatir acerca de cómo es y cómo debería ser genera conciencia y motiva a las personas a la acción. Sin embargo, a menos que sepamos hacia dónde vamos estaremos, en el mejor de los casos, creciendo a oscuras. Todos esperamos que nuestros esfuerzos produzcan personas que inicien un viaje de fe y entren en una relación cada vez más profunda con Dios. Sin embargo, avanzar desde donde nos encontramos actualmente y llegar hasta donde queremos estar, normalmente no es algo que ocurre de la noche a la mañana. No contamos con una fórmula mágica ni un manual de instrucciones que garantice resultados perfectos, pero sí tenemos toda una colección de ejemplos de lo que se puede lograr. Dios me bendijo con un lugar de trabajo sagrado en el cual lo sirvo como asesor de ingeniería. Lo llamo “el Modelo de José” en honor a José, quien transformó cada uno de los ámbitos de trabajo en los cuales se desempeñó bajo condiciones adversas.

El camino a la fe es un viaje que alcanza su etapa crítica cuando la búsqueda de la persona da paso a la consagración y a la transformación constante, por medio de un caminar diario con Dios en un ambiente que ha sido reclamado para Él. Sin embargo, en el proceso de plantar la semilla existen muchas variables que escapan a nuestro control que pueden impedir que la semilla alcance la madurez. Después de muchos años de invitar a compañeros de trabajo a unirse a mí en un viaje de fe, comprendí que, sin un ámbito favorable, las palabras y los ejemplos personales no alcanzaban. Para superar algunos de los impedimentos para llegar a la fase de consagración, inicié el proceso de discipulado a partir del momento en que alguien ingresaba en mi esfera de influencia. Aunque tengo el privilegio de ser uno de los directores de la compañía para la cual trabajo, también tengo la responsabilidad de utilizar todo lo que esté a mi alcance para crear un ámbito altamente conducente a la excelencia respecto del producto que proveemos y de ayudar a las personas a alcanzar su máximo potencial.

Lidero un grupo altamente capacitado de profesionales ingenieros con proyectos activos en más de 20 países. Nuestra actividad principal consiste en desarrollar informes especializados para gobiernos, organismos de crédito internacionales y altos ejecutivos de compañías de electricidad. Los valores que dinamizan nuestro ámbito de trabajo incluyen la rendición de cuentas, la responsabilidad, la excelencia, el trabajo en equipo, el debate en un ambiente de aprendizaje, asumir riesgos, perdonar, brindar apoyo y brindar reconocimiento. Aunque todos estos valores son sumamente deseables desde una perspectiva profesional, también son críticos en términos de ayudar a las personas a embarcarse en un viaje de fe saludable mucho antes de llegar al punto de consagrarse al Señor. Estos valores se han convertido no solamente en incentivos para alcanzar la excelencia profesional, sino también en una parte integral de la tarea de hacer buenos discípulos.

La rendición de cuentas recuerda a las personas que en todas las áreas de la vida somos responsables ante una autoridad mayor. La responsabilidad reafirma el principio de resolver las dificultades para cumplir con nuestras obligaciones y compromisos. El valor de la excelencia motiva a las personas para desempeñarse mejor de lo que lo hicieron en el pasado y mejor de lo que otros lo hacen habitualmente. Un ambiente de aprendizaje estimula el debate y alienta a explorar más allá de los límites que supone el conocimiento actual, de modo de indagar y descubrir más acerca de la vida. Alentar al equipo a correr riesgos los ayuda a salir de su zona de comodidad y adentrarse en un territorio nuevo al tiempo que se ofrece perdón a quienes cometen errores o a aquellos cuyos riesgos asumidos no los condujeron a los resultados exitosos que su optimismo inicial vaticinaba. Recibir apoyo permite a las personas avanzar al siguiente nivel de sabiduría y conocimiento con confianza y reconocimiento por los éxitos alcanzados. No existe división entre lo secular y lo sagrado en el fomento de estos valores.

Se trata de un ambiente sagrado debido a que todos los valores mencionados son fundamentales para caminar por fe. Un ámbito así no es solamente uno adecuado para la excelencia profesional, sino también para discipular a nuestros compañeros de trabajo mucho antes que lleguen a realizar un compromiso de fe. Cada uno de los valores pone de relieve un aspecto de la fe, y es practicado diariamente en nuestro lugar de trabajo, dando a nuestros compañeros de trabajo la posibilidad de experimentar cómo es andar por fe, en lo cual consisten en realidad las buenas nuevas. De esta manera, cuando tienen un encuentro con Jesús, atravesar el puente hacia una vida de fe significará entrar a un estilo de vida que ya les resulta familiar, porque antes de su conversión habrán estado siguiendo un curso intensivo de discipulado que ahora los ayudará a crecer rápidamente en su relación con Dios.

Este es el ámbito sagrado que vivo en mi lugar de trabajo. En el caso de personas que no ocupan puestos gerenciales, su tierra santa puede verse limitada a un espacio de trabajo compartido, a un escritorio o a un banco de trabajo. Para algunos, su lugar de trabajo sagrado es el estudio bíblico semanal a la hora del almuerzo. Para otros podrán ser los tiempos de descanso para tomar un café o almorzar, en los cuales pueden hablar con otros (no monologar) sobre cuestiones de la vida. En última instancia, lo que transforma lo secular en sagrado es la presencia de Dios, y cuando Dios está presente, se producen cambios. Estamos llamados a ser agentes de cambio. Si José pudo hacerlo como esclavo y prisionero, no hay razón para que no podamos transformar en tierra santa lo que se encuentra dentro de nuestra esfera de influencia.

8. Un mapa del futuro

El futuro está lleno de posibilidades de alcanzar a los miles de millones que actualmente se ganan la vida en los lugares de trabajo. El lugar al cual podamos llegar dependerá de salvar la brecha entre lo secular y lo sagrado. Ciudad del Cabo 2010 pondrá a los laicos en contacto directo con líderes de iglesias. Podemos elaborar un programa, pero más que un programa necesitamos una visión ampliada con un liderazgo efectivo. Y esto únicamente será posible a través de la oración.

Todos los movimientos necesitan de liderazgo. El liderazgo en el lugar de trabajo es tan necesario como en las agencias misioneras o las iglesias. Muchas personas son líderes en su lugar de trabajo y muchas no. Los pocos que hablan abiertamente o escriben atraen la atención, en especial si son CEOs o alguna clase de luminaria. Debemos potenciar la energía de los hombres y mujeres laicos capacitándolos y equipándolos para ser líderes del evangelio en todos los rincones del mundo del trabajo. ¿Cómo capacitamos líderes para ser catalizadores dentro de sus contextos; y para que movilicen a otros? Muchos creyentes desean verdaderamente proclamar el evangelio y producir un cambio en su lugar de trabajo. Como ocurre en muchos otros contextos, necesitan liderazgo. Casi todos piensan en el liderazgo en un contexto secular y en un contexto eclesiástico/organizacional. Las personas leen todos los libros sobre administración y liderazgo para liderar mejor en su trabajo o “ministerio”. Pero, ¿qué implica liderar en el contexto del lugar de trabajo para poder efectuar un impacto a favor del evangelio? Con toda seguridad se trata más que de organizar un estudio bíblico al mediodía o una disertación especial. ¿Cómo se reconoce a esta clase de líderes, ya sea que trabajen en la línea de montaje o se desempeñen como directivos de una compañía? ¿Qué necesitan para desarrollar su capacidad como líderes de fe en su lugar de trabajo; no simplemente mejorar su capacidad para administrar?

Que Dios abra nuestros ojos en Ciudad del Cabo 2010 y derribe las barreras que hemos creado, de modo que todos podamos preparar el lugar de trabajo para realizar un increíble viaje de fe.

© The Lausanne Movement 2010

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