Prosperidad y pobreza en la Biblia: en busca del equilibrio

Preámbulo: Cristianismo costoso

¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed! ¡Vengan a comprar y a comer los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche sin pago alguno. (Isaías 55:1)

Hoy en día el cristianismo se ha vuelto económicamente costoso en África y eso parcialmente se debe a las deficiencias en lo que ha dado en llamarse “evangelio de la prosperidad”. En este artículo pongo el foco en el evangelio de la prosperidad, contemporáneo y pentecostal, y sus implicancias para las personas financieramente pobres. A fin de apreciar algunos aspectos consideraremos las iniciativas recientes del obispo Eric Kwapong, ampliamente reconocido como líder carismático de adoración en Ghana. Kwapong se desempeña como consultor profesional de adoración pentecostal/carismática. Realiza eventos periódicos de adoración para profesionales en el hotel Holiday Inn próximo al aeropuerto internacional. Las reuniones se realizan los viernes por la noche y se publicitan tanto para hombres como para mujeres profesionales. El grupo social destinatario del esfuerzo es invitado a asistir y experimentar la presencia de Dios. No se cobra entrada pero el perfil de gente que asiste y la ubicación del lugar infieren que los servicios de adoración dejen automáticamente fuera a las personas pobres y menos privilegiadas de la sociedad. Sencillamente no tendrían la vestimenta requerida ni los niveles de ofrendas esperados. En poco tiempo, el cristianismo (en el caso de este tipo de eventos) se ha vuelto costoso y diseñado a medida para alcanzar a cierta clase privilegiada en Ghana.

Lo descrito en el párrafo anterior es sintomático de la comercialización o mercantilización del cristianismo que llega junto con el evangelio de la prosperidad. Para entender el evangelio de la prosperidad no debemos mirar solo la apariencia de los predicadores, sus adquisiciones personales ni los mensajes que predican. El evangelio de la prosperidad debe entenderse como un paquete o una marca que se refleja en las decisiones de los predicadores, los lugares de reunión, los textos usados en la predicación y las clases de asociaciones que se fomentan dentro de esas comunidades cristianas particulares. En este abordaje ubico en primer lugar al evangelio de la prosperidad dentro del contexto del pentecostalismo contemporáneo y luego, desde un punto de vista bíblico, trato las implicaciones que tiene para los pobres y marginados de la sociedad. El contexto religioso y socioeconómico de la discusión es el cristianismo en África, con una cantidad desproporcionada de ejemplos tomados de Ghana. Las reuniones profesionalizadas que describí antes son sintomáticas de acontecimientos más amplios dentro del pentecostalismo contemporáneo africano, para el cual el evangelio de la prosperidad es un tema teológico importante. En estas iglesias algunos han formado clubes billonarios y millonarios y el mensaje en sí mismo está cuidadosamente dirigido a quienes están “arriba” o ya se encuentran en camino hacia allí. No es poco común que los pastores alardeen abiertamente de los números de gente rica y poderosa que atrae su ministerio.

Hay algunas iglesias pentecostales contemporáneas que han diseñado programas de asistencia social para los pobres. En el todo, sin embargo, falta una teología apropiada que aborde la pobreza como un asunto social y teológico. Relacionada a ello está la débil teología del dolor y el sufrimiento en el cristianismo pentecostal contemporáneo. Por lo general, quienes atraviesan problemas son considerados como blanco de actividades demoníacas con sus situaciones a veces interpretadas como autoinfligidas por la falta de pago de diezmos a la iglesia. Así, el enfoque del pentecostalismo contemporáneo en el dinero y en las cosas materiales formará una base importante para nuestra discusión. Lo que critico en esta presentación no es simplemente un estilo de vida de prosperidad, porque prosperar en salud, riqueza y circunstancias materiales no es algo malo. Sin embargo, el espíritu del materialismo, que sectores de este tipo de cristianismo parecen suscribir de manera acrítica, suscita preguntas en relación a lo que la Biblia realmente enseña acerca de los pobres, la pobreza y los marginados de nuestras sociedades. Necesitamos cosas materiales para vivir nuestra vida, pero el materialismo fluye en tándem con la avaricia y la codicia. Esto va contra la esencia de la verdad bíblica sobre cómo se espera que los cristianos manejen las riquezas. La Biblia no suscribe la pobreza sino que impele a quienes ostentan el poder a prestar atención a las necesidades del pobre.

Con respecto al enfoque en el dinero, consideremos algunos de los nuevos métodos de levantamiento de fondos que están directamente relacionados con los promotores de la prosperidad. Varios años atrás visité una de las nuevas iglesias pentecostales en Ghana asociadas con el evangelio de la prosperidad. La iglesia llevaba a cabo una semana de reuniones de avivamiento a las que un líder nigeriano carismático, residente en Londres, había sido invitado como orador. Durante tres días predicó un buen mensaje, hablando acerca de los distintos reinos físicos y espirituales y cómo se espera que los cristianos se desempeñen dentro de ellos. Al final de la segunda reunión, pensé que haría un llamado al altar para que la gente entregara su vida a Cristo. En cambio dijo que Dios realizaría un milagro de veinticuatro horas y cualquiera que quisiera beneficiarse de ello tendría que pagar doscientos cuarenta dólares americanos. La mayoría de la gente en esa conferencia eran estudiantes o jóvenes. Unos pocos respondieron. Al siguiente día, el monto se redujo en ciento veinte dólares, por un milagro de doce horas: “Si pagaste doscientos cuarenta ayer”, declaró el predicador, “esa fue bendición de ayer; para la bendición de hoy, pasa adelante y paga ciento veinte aun si hubieras pagado ayer”. Mi pensamiento fue: “Si alguien dio doscientos cuarenta, las bendiciones todavía no han expirado. ¿Por qué se espera que la persona pague más cuando quizá el beneficio total del primer pago no ha sido aún entregado?” En un sentido más teológico, ¿por qué tenemos que pagar con dinero para recibir la gracia de Dios? Pensé por unos momentos que estábamos en medio de la venta de indulgencias anterior a la Reforma.

Principios de prosperidad

Estos acontecimientos me condujeron al descubrimiento de ciertos principios llamados “bíblicos” que conforman el evangelio de la prosperidad. Primero está la enseñanza de sembrar y cosechar y, segundo, el hecho de reclamar las promesas de Dios en la Escritura. Trataremos mayormente el primer principio. Se relaciona con el dar cristiano, en especial con los diezmos y las ofrendas. Sobre el segundo principio, el cristianismo pentecostal contemporáneo cree bastante en la palabra hablada como una especie de encantamiento mágico. Así, sea mediante la oración, las afirmaciones o declaraciones, se considera que las palabras poseen cierto efecto de realización y esto funciona tanto en casos de bendición como de maldición. Se dice que el creyente posee cierta autoridad en Jesucristo. Esto incluye confesar cosas positivas y posibilidades para que se concreten. Así, la oración del pentecostalismo contemporáneo evita en gran medida cualquier cosa que sea negativa. Los pentecostales contemporáneos no oran por perdón de pecados como parte de una liturgia corporativa. La oración simplemente supone saber lo que Dios ha prometido a sus hijos en la Escritura (buena salud, larga vida, riquezas materiales y prosperidad general) y reclamar estas cosas en “el nombre de Jesús”. Hay una relación entre este principio y el de dar porque el “poder de la vida” en la boca del creyente significa que los diezmos y las ofrendas pueden ser ofrecidos para lograr ciertos propósitos o quiebres positivos en la vida. En otro lado describo esta especie de dar como algo “transaccional” debido a la cosmovisión de respaldo que indica que darle a Dios es siempre recíproco. Se espera recibir enormes beneficios de parte de Él.[1] No es poco común escuchar gente orando con respecto a su dinero en la iglesia instruyéndole al Señor que sus ofrendas regresen a ellos en forma de una bendición material específica.

En el principio de sembrar y cosechar, Dios supuestamente bendice a la gente de acuerdo a sus niveles de generosidad, en especial en los diezmos y las ofrendas. La expresión común es que “dar abre puertas”, lo que significa que crea oportunidades. Lo que uno da es la “semilla” y el retorno en bendiciones es lo que el sembrador “cosecha”. Cuando se siembran las semillas, se enseña a quien es fiel a esperar varias formas de cosecha, entendidas en términos de dinero, empleo, promoción laboral, salud, hijos (frutos del vientre) y otras bendiciones semejantes así como “quiebres” positivos. Las iglesias africanas que predican la prosperidad han atraído considerables números de jóvenes con movilidad social ascendente así como profesionales de clase media y alta. Los recursos que estos grupos de personas generan en términos de diezmos y ofrendas son enormes. Los miembros testifican haber llegado a la riqueza al recanalizar los recursos lejos de la vida desordenada y hacerlo ahora en propósitos constructivos como resultado de sus experiencias de nuevo nacimiento. En otras palabras, estas iglesias son económicamente muy poderosas y forman comunidades cuya existencia es posible debido a la cultura de dar y los recursos que se generan por los programas y las conferencias que realizan. El énfasis en el dar dentro del pentecostalismo carismático debe ponderarse porque ayuda a las iglesias indígenas a permanecer independientes. Sus influencias extensivas llegan a través del uso de los medios de comunicación. El televangelismo, la radio, la publicidad religiosa, el uso extensivo de la tecnología en las reuniones y el mantenimiento de sitios de Internet exigen inversiones enormes.

Esto implica que cierto nivel de levantamiento de fondos sea inevitable. El fundador de la iglesia ICGC, pastor Mensa Otabil de Ghana, destaca un mandato divino para desafiar a que la iglesia en África sea financieramente autosuficiente:

Cuando el Señor me llamó a comenzar una iglesia, puso en mí la fuerte impresión de fundar una congregación que no estuviera sujeta a los aportes de una misión extranjera. El Señor me llamó a enseñarle a mi gente a dejar de mirar a Europa o Estados Unidos como su fuente de recursos y cultivar un nuevo espíritu y una ética de desarrollo nacional. Creo totalmente que donde sea que Dios te coloque tiene suficientes recursos como para cuidar de tus necesidades. Como resultado de tal convicción, nuestra iglesia a seguido una política vigorosa de financiación y gobierno indígena.[2]

Muchas de las Iglesias son pudientes y así también los pastores, con acceso al dinero. Tales líderes de alto perfil viven estilos de vida confortables y aun extravagantes que incluyen la edificación de casas palaciegas y el uso de automóviles de lujo. En Nigeria, algunos como el obispo David Oyedepo de la iglesia Living Faith Church Worldwide, también conocida como Winners Chapel, ha seguido el ejemplo de algunos televangelistas norteamericanos al comprar su propio avión privado. El obispo Oyedepo predica que Dios lo llamó específicamente a hacer que su gente sea rica y una forma de hacerlo es enseñarles las bendiciones que vienen del diezmar con fidelidad. Ahora está de moda que el promedio de los pastores pentecostales contemporáneos viajen en primera clase o clase ejecutiva y que sus hijos nazcan y se eduquen en el extranjero. Estilos de vida que en iglesias evangélicas conservadoras serían considerados como escandalosos por su extravagancia, en las iglesias que predican la prosperidad son ponderados como señales del favor y la bendición divinos. Estados Unidos es el destino de preferencia para los viajeros internacionales y los predicadores suelen ser recibidos de nuevo en el país desde el podio de esta o aquella locación internacional con fuertes y extensos aplausos.

Dar, prosperidad y devoradores

Es importante entender cómo la teología de los diezmos y las ofrendas se relaciona directamente con la teología de la prosperidad en el pentecostalismo contemporáneo. Los pentecostales han popularizado la acción de diezmar dentro del cristianismo, convirtiéndolo en una especie de deber sacramental. En tal contexto los diezmos y las ofrendas no son meras responsabilidades cristianas sino medios para asegurarse los favores de Dios en los emprendimientos de la vida. Diezmar es el único tema enseñado en las iglesias pentecostales contemporáneas cuyo respaldo bíblico proviene abrumadoramente del Antiguo Testamento. El pasaje cardinal es Malaquías 3:8-12, que dice:

¿Acaso roba el hombre a Dios? ¡Ustedes me están robando! Y todavía preguntan: “¿En qué te robamos?”. En los diezmos y en las ofrendas. Ustedes —la nación entera— están bajo gran maldición, pues es a mí a quien están robando. Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto —dice el Señor Todopoderoso—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. Exterminaré a la langosta, para que no arruine sus cultivos y las vides en los campos no pierdan su fruto —dice el Señor Todopoderoso—. Entonces todas las naciones los llamarán a ustedes dichosos, porque ustedes tendrán una nación encantadora —dice el Señor Todopoderoso—.

En casi todos los casos, sin embargo, se enseña que el no cumplimiento de tal responsabilidad sagrada tiene consecuencias negativas en los asuntos del cristiano, a veces en forma de maldiciones generacionales. Así, el dar y la prosperidad están íntimamente relacionados. En un libro muy interesante, titulado The Coming Wealth Transfer, el pastor carismático nigeriano de una congregación con base en Londres llamada Kingsway International Christian Centre, establece la conexión entre el dar y la prosperidad de la siguiente forma:

Dar es un principio de prosperidad en contradicción con las opiniones seculares, pero que provoca la bendición del Señor […]. Abre las ventanas del cielo, reprende al devorador financiero y frena la maldición. Dar se vuelve una poderosa semilla para obtener una cosecha futura.[3]

El pastor Ashimolowo considera que las ofrendas voluntarias y los diezmos desempeñan distintas funciones: “La ofrenda voluntaria es lo que determina el influjo de bendiciones luego de que el diezmo ha abierto las ventanas”.[4] En otras palabras, el pago de los diezmos puede no alcanzar para asegurarse el derramamiento de la bendición de Dios. Necesariamente debe acompañarse por un ofrendar voluntario habitual. En el discurso de prosperidad del pentecostalismo contemporáneo, la necesidad, la carencia, el infortunio, la aflicción y la pobreza están continuamente relacionados con una falta de fidelidad en diezmar y dar ofrendas voluntarias. Los pastores y sus cónyuges e hijos se han vuelto ejemplos reales de vida de la fidelidad de Dios ante quienes dan para Su obra mediante diezmos y ofrendas. Por lo general, la evidencia de esto es su circunstancia material privilegiada. Ashimolowo tenía en mente el pasaje de Malaquías cuando se refirió al “devorador financiero” en la afirmación citada.

En las interpretaciones típicas y tradicionales africanas, tales devoradores incluirían brujos y hechiceros, parientes envidiosos, demonios y aquellos con capacidades sobrenaturales malignas para descarrillar a los demás en sus asuntos financieros y otras formas de progreso en la vida. Las creencias tradicionales en la hechicería general promueven historias populares acerca de dinero que desaparece misteriosamente de la cartera, cajas de seguridad y armarios, ante lo cual la gente busca intervención sobrenatural, desde una especie de sacerdotes de santuarios paganos hasta los pastores pentecostales de liberación. Cuando los cristianos son fieles en su diezmo, señalan, Dios los protege y los aísla a ellos y a sus emprendimientos de los devoradores, de modo que puedan prosperar en salud y en riquezas. Paul Gifford cita lo que dijo un obispo carismático ghanés en una prédica:

Dios siempre ha impedido que la humanidad tome todo por completo. Dios nos ha dado todo, pero establece límites. Acán (Josué 7:21-25) trajo tribulación sobre Israel al tomar lo que era de Dios: si tú no pagas los diezmos traes tribulación sobre tu vida […]. Cuando tomas el diezmo de Dios te pones bajo Su maldición. Evitas que Dios pueda bendecirte […]. Si diezmas, tendrás éxito […]. Al pagar tu diezmo, la gente te verá y dirá “Estás bendecido” […]. Si alguien ha de ofrecer un empleo, serás el primero al que buscarán porque no te quedas con lo que le pertenece a Dios.[5]

En un artículo que trata sobre los factores que influyen para el crecimiento en los movimientos pentecostales, Luther Gerlach y Virginia Hine citan el “dar” recíproco como un aspecto importante. Explican la naturaleza de tal “dar” desde un punto de vista norteamericano de la siguiente manera: “La actividad financiera pentecostal es personal y recíproca, en el sentido de que el dinero se da como una ‘ofrenda de amor’ en proporción directa con la importancia de la ofrenda no material que el donante siente que ha recibido a través de un evangelista o maestro particular en una situación de grupo específica”.[6] Esto significa que no solo los pentecostales dan diezmos y ofrendas a la iglesia como institución, sino que también el “dar” directamente a un hombre o una mujer de Dios genera bendiciones en el dador. Este concepto se fundamenta en el principio de sembrar y cosechar mediante el cual los pentecostales contemporáneos articulan su comprensión del dar. “Cuanto mayor sea la semilla”, se enseña, “mayor será la cosecha”. El pastor Ashimolowo, en consecuencia, enseña que “dar incrementa nuestra cuenta de crédito con Dios” y que “la fuerza de la bendición financiera se libera cuando damos dinero”.[7] En sus palabras, “dar es plantar la semilla financiera a fin de experimentar una cosecha financiera”.[8] Ashimolowo justifica tales declaraciones al recurrir a Pablo en 2 Corintios 9:6: “El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará”.

Cristianos que no diezman y pobreza

Un libro importante y fascinante sobre la diferencia que ejerce diezmar en la vida viene de la publicación periódica del obispo Dag Heward-Mills de la iglesia Lighthouse Chapel International, con base central en Ghana. La teología del diezmo de Heward-Mill puede leerse desde la imagen que figura en la portada de su libro Why Non-Tithing Christians Become Poor and Tithing Christians become Rich.[9] En esta ilustración de dos mitades, la parte de arriba es una imagen que parece un barrio pobre haitiano luego de sufrir el peor de los terremotos; la parte de abajo corresponde a una imagen de un vecindario recién inaugurado con una casa elegante que ofrece la vista de una piscina. La imagen de arriba representa la pobreza y la devastación y la de abajo la riqueza y el bienestar. Heward-Mills comienza su libro sobre la acción de diezmar con la siguiente afirmación reveladora:

La prosperidad en su forma básica consiste en alguien que siembra una semilla y luego cosecha los rendimientos. No pagar tus diezmos te separa de este principio elemental de sembrar y cosechar. Cuando no pagas tus diezmos perjudicas tus finanzas porque eliminas los cimientos de tu prosperidad.[10]

La declaración viene acompañada con una lista de motivos por los que quienes no diezman se empobrecen. La gente que no da su diezmo se vuelve pobre porque no tiene nada para cosechar, no atrae las bendiciones sobre su vida, sufre la maldición, los “devoradores” continuamente se fagocitan su riqueza, los fruto de sus campos están constantemente destruidos y pierde sus frutos antes de tener la posibilidad de cosechar. El obispo Heward-Mills no descarta el trabajo arduo y las recompensas que se obtienen del esfuerzo. Sin embargo, para él, aun el trabajo duro puede fracasar en cuanto a generar los dividendos que se necesitan si la persona no cumple con la obligación de diezmar. Concluye, desde su análisis, que “diezmar es una clave mayor para la prosperidad real”, porque Dios promete sustentar las ganancias de quienes diezman en base a su arduo trabajo.[11]

La segunda parte del libro de Heward-Mills contiene una serie de conceptos importantes también para las esposas. Aquellas que diezman “activan las leyes de siembra y cosecha”; el capítulo quince aborda esta comprensión del diezmo. El capítulo dieciséis enseña que aquellas que diezman “hacen que Dios construya un hogar para ellas”, lo que significa que reciben recompensas materiales por sus “inversiones en diezmos”. El capítulo diecisiete indica que quienes diezman “provocan el favor de Dios”. Aquí favor o gracia se entiende en términos de bondad, benevolencia, generosidad, compasión, indulgencia, comprensión y misericordia.[12] En el mismo capítulo, el autor señala:

Ser favorable o tener gracia para con alguien es mostrar agrado, bondad y cordial generosidad de espíritu. Dios mostrará su bondad y generosidad cuando le ayudes a cumplir su visión. El favor habla de la bondad y la calidez mostradas por un rey hacia sus súbditos. Dios te extenderá cortesías a media que realices Su tarea más grande.[13]

Una de las “tareas más grandes” mencionadas aquí se refiere al pago de los diezmos y las ofrendas en apoyo del trabajo del ministerio. En un contexto de aumento del desempleo, de la pobreza y de las circunstancias económicas graves, en el cual subsiste la gente en África, es difícil de entender que ni los pobres estén exentos del principio de dar a Dios si desean cosechar su bendición. El obispo Duncan-Williams lo expresa de esta forma: “Aun en una condición empobrecida, Dios necesita algo de tu parte a fin de bendecirte”.[14] Sin embargo, la invitación de Isaías que citamos al principio se dirigió a quienes no tenían dinero. La principal referencia para la enseñanza de que aun los pobres deben dar si esperan recibir de Dios es el encuentro de Elías con la viuda de Sarepta (1 Reyes 17:7-16). El pensamiento de que así como Elías solicitó que la viuda invirtiera su última vasija de aceite para el bienestar del profeta, independientemente de sus circunstancias difíciles, así Dios espera hoy en día que los pobres inviertan lo que sea que tuvieran como una prueba de su fidelidad. De acuerdo a un pastor, “es válido bajo todas circunstancias; ya sea que seas pobre o rico, si lo practicas, recibirás la bendición, pero si no lo haces, no serás bendecido”.[15]

Prosperidad, materialismo y textos de prueba 

En años recientes, he usado la expresión “evangelio de la prosperidad” con mucha cautela. Hay dos motivos para esto. Primero, hay aspectos del así llamado evangelio de la prosperidad que pueden ser muy empoderadores. La clase de cristianismo carismático que predica la prosperidad tiene muchas instancias alejadas de un simple mensaje “nómbralo-y-reclámalo-como-tuyo”. En África, muchos de los líderes actuales, notablemente el pastor Mensa Otabil, de Ghana, enfatizan el trabajo arduo, la educación, las inversiones y el pensamiento visionarios como el camino hacia el éxito del cristiano. Este pastor critica abiertamente a quienes culpan a los demonios de todos sus problemas y le advierte a África que la prosperidad no vendrá de atar a los demonios de la pobreza. En cambio llegará de la mano del trabajo arduo, la honestidad y tomar el destino en nuestras propias manos, buscando a Dios. En un reciente sermón por el trigésimo aniversario de su iglesia, en febrero de 2014, el pastor Otabil señaló que recibir fondos de los chinos para construir la sede central de la Unión Africana en Etiopía era incoherente con el texto bíblico situado bajo la imponente estatua de Kwame Nkrumah frente al edificio. El texto viene de Salmos 68:31: “…Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios” (LBLA). Segundo, la prosperidad no es extraña a la Escritura cristiana. En gran parte del Antiguo Testamento en particular, el éxito material es el resultado de la obediencia a Dios y en el Nuevo Testamento hay motivos para creer que el Señor recompensa el cristianismo fiel.

Sin embargo, la cosmovisión del evangelio de la prosperidad parece fundarse en un método hermenéutico selectivo que no presta suficiente atención a la enseñanza bíblica sobre la pobreza y las advertencias contra el materialismo. Gordon Fee está en lo cierto al identificar la interpretación de la Escritura como el problema básico de las enseñanzas de prosperidad.[16] Textos selectos de la Biblia suelen utilizarse para probar que la voluntad de Dios es que todos los creyentes prosperen en esta vida. Como textos de prueba la gente utiliza versículos de la Biblia para respaldar argumentos sin importar el contexto. Los versículos elegidos se toman como prueba suficiente de la intención y el propósito de Dios sobre determinados asuntos. De esta manera se pueden elaborar sermones completos en torno a palabras o frases aisladas dentro de los pasajes bíblicos. Una de las principales debilidades de poner a prueba los mensajes es que la Biblia, Palabra de Dios, puede usarse para decir cosas que el intérprete desea expresar y no lo que el Espíritu Santo podría realmente decir y dirigir. Porque, de acuerdo al Señor Jesús, es el Espíritu quien debe guiarnos hacia la verdad de la Palabra de Dios (Juan 16:13).

Comencemos con la continua referencia a la “bendición de Abraham” en Gálatas 3 como una indicación de bendición en cosas materiales. La bendición de Abraham, contrario a la hermenéutica popular de la prosperidad, gira en torno al tema de la epístola de San Pablo. Este tiene que ver con la inclusión de los gentiles en la agenda de Dios en cuanto a la salvación del ser humano. Tal inclusión, como Pablo se esfuerza en mostrar, viene mediante la fe en Cristo y no a través de la ley. Para conducirnos hasta ese punto, Pablo desarrolla el argumento al principio. Destaca la certeza de que la justificación viene no por la observancia de la ley sino por la fe en Cristo,

…también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por éstas nadie será justificado (Gálatas 2:15-16).

En la epístola a los Gálatas, Pablo aboga con vigor la doctrina de la justificación por la fe y no las obras. Al hacerlo, reprende a los gálatas por subestimar el hecho de que el Espíritu de Dios fue recibido por gracia y no por esfuerzo humano a través de la observancia de la ley (Gálatas 3:1ss). Al citar Gálatas 3:14 en particular, los exponentes del evangelio de la prosperidad a menudo omiten la frase “para que por la fe recibiéramos el Espíritu según la promesa”. Lo que resulta evidente en la epístola de San Pablo a los Gálatas es que el elemento clave en la conversión cristiana es la experiencia dinámica del Espíritu como cumplimiento de la promesa hecha a Abraham. De hecho, también en Efesios 1:13-14, “el sello que es el Espíritu Santo prometido […] garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios”.

En efecto, Gálatas 3:14 no tiene nada que ver con la riqueza material. El argumento de Pablo fue que así como la fe de Abraham en Dios hizo que fuera contado como justo, de igual modo la fe en Cristo hace redundante la confianza en la ley para efectuar la salvación (Romanos 4:1-3). Para Pablo, la indicación del cumplimiento de la promesa de Abraham es la experiencia del Espíritu. A través del derramamiento del Espíritu, aun quienes previamente se consideraban exentos de la promesa abrahámica fueron incluidos por la fe en Cristo Jesús. La bendición de Abraham en el pasaje de Gálatas significa, por lo tanto, no simplemente justificación por la fe sino que también refiere a la vida escatológica ahora disponible para los judíos y los gentiles por igual, efectuada mediante la muerte de Cristo pero realizada a través del ministerio dinámico del Espíritu, y todo esto por fe y no por una formula.[17]

Pentecostés: Espíritu de inclusión

En un movimiento basado en una experiencia compartida en el Espíritu, Gálatas 3:14 habrá sido entendido como un pasaje clave para legitimar el pentecostalismo como un movimiento de Dios en la generación actual. En los nuevos movimientos y las iglesias actuales del pentecostalismo, muchas personas comunes están integrándose a la agenda de Dios de salvación mediante sus experiencias con el Espíritu. Como profetizó Joel, una consecuencia del derramamiento del Espíritu de Dios sería experimentado para salvación por toda carne sin importar el sexo, ni la raza ni el estatus social (Joel 2:28-32). En cumplimiento de tal promesa, en el libro de los Hechos llegan buscadores de cada nación bajo el cielo para obtener finalmente la experiencia pentecostal. Cuando llegó el día de Pentecostés, la gente respondió “de todas las naciones de la tierra” (Hechos 2:5): “Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!” (Hechos 2:9-11).

De modo que Pentecostés, entre otras cosas, fue una experiencia de inclusión gentil. El Espíritu de Dios, en una forma enérgica y dramática, trajo este mensaje a Pedro durante su visión y la experiencia subsiguiente en su visita pastoral a la casa de Cornelio. Pedro fue consciente (por el Pentecostés de Cornelio y su familia) que Dios “en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia” (Hechos 10:34-35). En el acontecimiento de Pentecostés Dios aparece como el Dios de las naciones, porque las naciones fueron reconciliadas con Dios como gente que escuchó el mensaje del evangelio en su propio idioma. Abraham es el “padre de naciones”, por lo que la bendición de Abraham es la bendición de las naciones.

En la misma línea, Juan el Bautista advirtió que con la venida del Señor, la entrada al reino ya no dependería de tener una ascendencia abrahámica natural sino de la presencia purificadora del Espíritu de Dios (Mateo 3:7-12). Este es un argumento que es coherente con el mensaje de salvación presentado por San Pablo. En el argumento de Pablo, Cristo redimió a la humanidad de “la maldición de la ley” a fin de que por medio de Él la bendición de Abraham estuviera disponible para todos mediante la fe. Al editar y quitar de contexto Gálatas 3:14b, e interpretar así la bendición de Abraham en un sentido materialista, los exponentes del evangelio de la prosperidad no solo malinterpretan y aplican erróneamente la Escritura, sino que también se pierden el mensaje crucial que subraya la experiencia renovadora del Espíritu Santo que explica, según entiendo, el mover de Dios en el surgimiento de estos nuevos movimientos dentro del cristianismo africano.

Hermenéutica de la siembra

También hay cierta dificultad con el concepto de sembrar y cosechar como se expresa en el evangelio de la prosperidad. La postura de que Dios toma el dinero de los no creyentes para enriquecer a los creyentes está fuera de lugar. Jesús puso restricciones en la logística material que los discípulos debían llevar en sus tareas evangelísticas (Mateo 10:8-10). El ministerio de los apóstoles fue dirigido sencillamente al permitir la obra del Espíritu por medio de ellos a fin de alcanzar a quienes sufrían. En las enseñanzas de la prosperidad, la capacidad de Dios de llevar adelante esta agenda misionera se presenta en ocasiones como si dependiera solamente del dinero. Al pensar de este modo, los exponentes de la prosperidad no solo desafían los principios bíblicos sobre evangelización, sino también el derecho básico del no creyente a su propio bienestar. La Biblia no descarta por entero la capacidad de Dios de bendecir a su pueblo en términos concretos. No ha dicho que la abundancia material sea mala. Sin embargo, las riquezas a menudo se denuncian en la Escritura como una distracción potencial que evita que la gente ponga a Dios en primer lugar en su vida (Marcos 10:17-25).

Esta teología de dar también podría ser manipuladora. Durante el tiempo de ofrendas en una reunión carismática, una pastora tenía en su mano un recipiente adicional y pidió que toda ofrenda por encima de los veinte mil cedis (alrededor de cinco libras esterlinas, por entonces) se colocaran en dicho lugar. La impresión que se creó fue que las ofrendas mayores otorgaban a los adoradores la oportunidad de disfrutar de bendiciones más grandes que los demás. La lección del elogio de Jesús a la viuda que dio todo lo que tenía, aunque fuera una ofrenda mucho menor que la del resto, es una indicación de que para Dios el espíritu con el que uno dé es más importante que lo que en verdad se ofrenda. Si Israel cumplía su parte siendo fiel con sus obligaciones de diezmos y ofrendas, Dios prometía probarse a sí mismo fiel y esperaba que los creyentes no olvidaran esto. Sin embargo, también es cierto decir que la fidelidad de Dios procede más de su amor incondicional, gracia y misericordia que de las obras. Así, Isaías podía convocar a quienes no tenían dinero e invitarlos a venir, comprar y comer sin costo (Isaías 55:1-2). El problema es que Malaquías 3 y los pasajes relacionados se han traducido en una fórmula mediante la cual las personas tienen el derecho de esperar a que Dios provea luego de haber ofrendado y diezmado.

Pobreza, reino y prosperidad

Lo que critico del evangelio de la prosperidad, por lo tanto, no es el éxito material en la vida sino el materialismo. El materialismo implica vivir para las cosas materiales como si fueran fines en sí mismas. Jesús dijo varias cosas acerca del materialismo. Entre lo que expresó, lo siguiente revela cuál es la postura de Cristo sobre el materialismo:

No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas. (Mateo 6:19-21,24).

En efecto, se le dice a la gente que es pobre porque no le da dinero a Dios. Aunque algunos predicadores de la prosperidad reconocen que ciertas causas de la pobreza están más allá del control del pobre, esta toma de conciencia puede verse eclipsada por la insistencia en la prosperidad material y financiera como indicadores primarios de cristianismo verdadero y bendición de Dios. Si la enseñanza funcionara, uno se pregunta por qué las iglesias mismas no atienden a los pobres en medio de ellos a fin de que sean los beneficiarios de la prosperidad de Dios.

Un texto popular citado en apoyo del principio de sembrar dinero y cosechar dinero, además de otras bendiciones materiales, es la palabra de Jesús que indica que quienes dan cosecharán en medida abundante (Lucas 6:38). Este pasaje también se aplica erróneamente. En el contexto del Sermón del Monte, el pasaje parece ser una conclusión lógica a su admonición a los discípulos de evitar emitir juicio, condena o retener las ofensas de otros en contra de ellos. Así que al leer esto como si se refiriera a poner dinero en el ministerio de alguien es leerlo fuera de contexto. Esto se ubica mejor en Mateo donde el dicho “la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes” se relaciona directamente con la advertencia contra juzgar a otros (Mateo 7:1-2). De hecho, Mateo parece incluso dar una razón para la necesidad de no juzgar ni condenar a los demás al sugerir que todos tienen faltas: “¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?” (Mateo 7:3; comp.: Lucas 6:41).

Definitivamente no está fuera del carácter cristiano dar para buenas causas sabiendo que Dios espera que el cristiano sea una bendición para quienes estén en necesidad. La compasión mostrada por el samaritano en la parábola fue propuesta por Jesús como algo a ser imitado por todos (Lucas 10:25-37). De manera similar, Santiago también señala que la “religión pura y sin mancha” aceptable al Padre debe incluir “atender a los huérfanos y a las viudas” (Santiago 1:27). Sin embargo, no es un principio similar al que se percibe como obra en las enseñanzas de la prosperidad. MacDonald ha atacado esta estrategia como una forma moderna del síndrome de Guiezi-Simón en el que se hacen intentos de poner valor monetario a la gracia de Dios.[18] Guiezi intentó juntar ofrendas que originalmente fueron rechazadas por su maestro, el profeta Elías, luego de la sanidad de Naamán (2 Reyes 5:15-17).

Simón, el corolario del Nuevo Testamento, les ofreció dinero a los apóstoles con ansias de recibir la capacidad de poner sus manos para impartir el Espíritu Santo (Hechos 8:9-24). Que en ambos casos los culpables fueran castigados con severidad (Guiezi con lepra y Simón con ceguera) es un indicativo de la gravedad con la que se consideraron sus acciones. Es instructivo para tal teología notar que además de atender a los huérfanos y las viudas, la religión aceptable de acuerdo a Santiago incluye “conservarse limpio de la corrupción del mundo” (Santiago 1:27). El deseo insaciable de prosperidad no hace que esto sea posible; eso forma la base del consejo de San Pablo a quienes queriendo “enriquecerse caen en la tentación” pues “el amor al dinero es la raíz de toda clase de males” (1 Timoteo 6:9-10). En África ha habido instancias en las que los predicadores se han causado a sí mismos y sus ministerios no poca vergüenza cuando los “sembradores” de algunos dineros y elementos costosos como autos más tarde fueron declarados culpables de cohecho por la justicia de su país. En otros casos, tensiones, separaciones y aun divorcio se han experimentado en la vida matrimonial porque una parte ha sido vista como auspiciante de un pastor o su ministerio con ofrendas y dinero a expensas del presupuesto hogareño.

Al igual que las demás doctrinas, la enseñanza sobre la confesión positiva no se sostiene frente a la evidencia bíblica. Las dificultades suscitadas por tal teología de fórmulas de confesión positiva no son solo teológicas sino también pastorales. Teológicamente presenta una perspectiva errónea de Dios como quien está meramente al servicio de los deseos de la humanidad una vez que esta implementa los principios o formulas adecuados. Pareciera no haber lugar para la voluntad de Dios ni explicaciones adecuadas sobre el por qué las cosas no siempre mejoran. Las explicaciones que se ofrecen ante las adversidades (en términos de pecado no confesado, no cumplimiento de obligaciones monetarias ante Dios y la iglesia, confesiones negativas, actividad demoníaca o falta de fe) suelen ser simplemente inadecuadas, inapropiadas e insuficientes en cuanto a lo referido a los enigmas de la vida. El resultado ha sido dolor, sufrimiento y decepción causados a muchos creyentes a través de estos principios. Es sencillamente irrealista, pastoralmente insensible y antibíblico predicar que los cristianos podrían disfrutar de una vida libre de dolores y problemas solo por confesar positivamente y pagar los diezmos. En la experiencia de San Pablo, es llevar en el propio cuerpo la muerte de Jesús que la vida del Cristo resucitado también puede revelarse en el cuerpo del creyente (2 Corintios 4:9-10).

Cuando se consideran de forma aislada, pasajes bíblicos como Juan 10.10 y 3 Juan 2 parecen prometer exactamente lo que el mensaje de la prosperidad ve en ellos, esto es, vida abundante y prosperidad en salud y alma. En el Antiguo Testamento, como se ve en Deuteronomio 28, la prosperidad material suele estar ligada a la rectitud. En Salmos 37:25, por ejemplo, los justos no son olvidados ni sus hijos mendigan pan. En Proverbios 10:22, “la bendición del Señor trae riquezas” que no traen aparejada ninguna tristeza. La serie de bendiciones que acompaña la fidelidad al pacto en Deuteronomio 28 incluye fructificación en términos de fertilidad humana, producción agrícola y seguridad financiera. Hay, por lo tanto, una razón para creer en la capacidad de Dios de bendecir a quienes confían en Él.

Pero la bendición de Dios no siempre viene en forma de bendición material. Si se interpreta de esa forma los pobres se sentirán excluidos de la economía de Dios, así como hemos profesionalizado la adoración para que se ajuste a las necesidades de los cristianos de clase media. La bendición divina también viene en forma de gracia para lidiar con las aflicciones y las incertidumbres de la vida. Un principio clave en la interpretación bíblica es que la teología debe basarse en la enseñanza bíblica completa sobre un tema y no en una hermenéutica selectiva.[19] Por ejemplo, los exponentes de la prosperidad citan Juan 10:10 para respaldar su doctrina. Pero la enseñanza no tiene nada que ver con la prosperidad material como tal. La palabra que se traduce vida en este versículo es zoe, en referencia a la vida eterna. Lo que Jesús deseaba para los creyentes, por lo tanto, era que pudieran sobreabundar en la calidad de vida que asegura la realización del reino de Dios en sus vidas. En ese caso los creyentes no morirían eternamente.[20] De igual modo Fee señala que la palabra traducida “prosperar” en 3 Juan 2 es un saludo que significa “ir bien con alguien”. Es un buen deseo y no tiene nada que ver con la prosperidad financiera.[21] Así que la fe en Dios no excluye el bienestar general. Les asegura tanto a los creyentes ricos como los pobres el amor de Dios, en esta vida y en la venidera.

Conclusión

Lo que llama la atención con respecto a la ley del Antiguo Testamento, señalá Dewi Hughes, es que reconoce la fuerte tendencia humana hacia el autointerés y ofrece un marco legal para controlarla. Así la ley, según dice este autor, se enfoca en poner límites sobre los ricos u ostentosamente poderosos de modo que los pobres y los indefensos no sean explotados.[22] Jesús les prestó considerable atención a los leprosos, las mujeres despreciadas y otras personas marginadas y llegó al grado de advertir que quienes no dieran a los que están en necesidad experimentarían condena eterna (Mateo 25:31-46). En efecto, Jesús quería que sus seguidores dieran a los pobres, no que les quitaran. En esta línea Ronald Sider concluye: “Si la centralidad en la Escritura tiene algún criterio de importancia doctrinal, la enseñanza bíblica sobre el interés de Dios por los pobres debería ser una doctrina importante para los cristianos”.[23]

La enseñanza que indica que la gente es pobre porque no le da a Dios es una antítesis de lo que dijo Jesús con respecto a que la gente debería perdonar aun a sus enemigos pues Dios no discrimina entre el justo y el injusto en la provisión de lluvia y sol (Mateo 5:45). En la enseñanza de la prosperidad, el problema yace en el indebido énfasis en la riqueza material. En palabras de Jesús, “la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes” (Lucas 12:15; comp.: 1 Juan 2:15-17; Proverbios 27:24; 22:28; Eclesiastés 5:13; Salmos 62:10). La iglesia cristiana debe, por lo tanto, ser cautelosa de prestarle indebida atención a las cosas materiales como si ello significara el beneplácito de Dios con el cristianismo que uno practica.

Notas

[1] J. Kwabena Asamoah-Gyadu, Contemporary Pentecostal Christianity: Interpretations from an African Context (Oxford: Regnum International, 2013)

[2] Mensa Otabil, Beyond the Rivers of Ethiopia: A Biblical Revelation on God’s Purpose for the Black Race (Accra: Altar Media, 2004), 8, p. 64

[3] Matthew Ashimolowo, The Coming Wealth Transfer (London: Mattyson Media, 2006), pp. 193–94

[4] Ashimolowo, Coming Wealth Transfer, p. 196

[5] Gifford, Ghana’s New Christianity: Pentecostalism in a Globalizing African Economy (Bloomington and Indianapolis: Indiana University Press, 2004), p. 62.

[6] Luther P.Gerlach y Virginia H. Hine, “Five Factors Crucial to the Growth and Spread of a Modern Religious Movement”, Journal for the Scientific Study of Religion 1 (1968), p. 29

[7] Ashimolowo, Coming Wealth Transfer, 190, p. 192

[8] Ashimolowo, Coming Wealth Transfer, p. 192

[9] Dag Heward-Mills, Why Non-Tithing Christians Become Poor and How Tithing Christians Become Rich (Wellington, South Africa: Lux Verbi. BM, 2009)

[10] Heward-Mills, Why Non-Tithing Christians Become Poor, 1

[11] Heward-Mills, Why Non-Tithing Christians Become Poor, 7

[12] Heward-Mills, Why Non-Tithing Christians Become Poor, p. 134

[13] Heward-Mills, Why Non-Tithing Christians Become Poor, p. 135

[14] Duncan-Williams, Destined to Succeed, p. 52

[15] Eastwood Anaba, Breaking Illegal Possession: Dislodge the Enemy and Possess the Land (Accra: Design Solutions, 1996), p. 29

[16] Gordon D. Fee, The Disease of the Health and Wealth Gospels (Beverly, MA: Frontline Publishing, 1985), p. 3.

[17] Fee, God’s Empowering Presence, pp. 394, 395

[18] W.G. MacDonald, ‘The Cross Versus Personal Kingdoms’, Pneuma vol. 3, 2 (1981), p. 33

[19] William W. Klein et al., Introduction to Biblical Interpretation (Dallas: Word Publishing, 1993), pp. 387-388

[20] David Hill, Greek Words and Hebrew Meanings: Studies in the Semantics of Soteriological Terms (Cambridge: Cambridge University Press, 1967), p. 196

[21] Fee, The Disease of the Health and Wealth Gospels, p. 4

[22] Dewi Hughes, Power and Poverty: Divine and Human Rule in a World of Need (Nottingham: Intervarsity Press, 2008), p. 75

[23] Ronald Sider, Rich Christians in an Age of Hunger (London: Hodder and Stoughton, 1997), p. 64.

 

This is a paper presented by the author at the 2014 Lausanne Global Consultation on Prosperity Theology, Poverty, and the Gospel. You may find a video version of this paper in the Content Library. The views and opinions expressed in this paper are those of the author and do not necessarily reflect the personal viewpoints of Lausanne Movement leaders or networks. For the official Lausanne Statement from this consultation, please see ‘The Atibaia Statement on Prosperity Theology‘.

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