Las personas están migrando como nunca antes; ya sea voluntariamente, en búsqueda de oportunidades económicas y educativas, o involuntariamente, forzadas a huir de la hambruna, las guerras, la limpieza étnica o la persecución religiosa. Las nuevas tecnologías de transporte y telecomunicaciones, junto con las nuevas realidades del comercio, el trabajo y las finanzas, están produciendo una movilidad humana sin precedentes. A pesar de nuevas barreras y leyes que intentan limitar los movimientos, las personas se mueven en números récord en todas las direcciones.

Dios también se está moviendo poderosamente entre las personas en movimiento. Dios es soberano sobre la dispersión humana, y el movimiento de personas ha remodelado el cristianismo a lo largo de su historia. El cristianismo siempre ha estado en movimiento, ya que nunca puede ser mantenido cautivo de ningún pueblo, cultura o geografía. La dispersión acerca a las personas al evangelio de Jesucristo, y el proceso de las diásporas está creando un nuevo impulso para promover el evangelio en todas partes.

El Congreso de Ciudad del Cabo en 2010 reconoció a la “diáspora” como un área estratégica de enfoque para la iglesia mundial con la designación de un nuevo Catalizador para las Diásporas y la creación de la Red Temática de Diásporas (GDN) para promover la misión de Dios hacia, a través y más allá de las diásporas en todo el mundo.

La migración es una de las grandes realidades mundiales de nuestra era. Se estima que 200 millones de personas viven fuera de sus países de origen, voluntaria o involuntariamente. El Compromiso de Ciudad del Cabo II-C-5

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