Semana 4, Día 24: Hombres y mujeres, jóvenes y mayores en unión

 

“Y sucederá que después de esto,
derramaré mi Espíritu sobre toda carne;
y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán,
vuestros ancianos soñarán sueños,
vuestros jóvenes verán visiones.
Y aun sobre los siervos y las siervas
derramaré mi Espíritu en esos días.”
Joel 2:28.29

 Muchos autores, etnógrafos y sociólogos han dicho que los jóvenes en los centros urbanos del mundo, tienen más en común unos con otros que con las generaciones mayores de sus propias culturas. Ya lo llamemos globalización o “McDonadlización”, los medios de comunicación accesibles y baratos han ayudado a la aparición de una juventud mundial emergente que es muy diferente a las generaciones previas. Esto ha tenido como resultado lo que algunos ven como una creciente división generacional mundial. Pueblo de Dios, no podemos permitir esta división lleve a la partición de la Iglesia.

El cuerpo de Cristo necesita cada parte para su salud completa. Esto incluye los recursos únicos que Dios ha puesto en los jóvenes y mayores, hombres y mujeres en la Iglesia. Los líderes jóvenes necesitan la sabiduría, ánimo, experiencia, paternidad espiritual y amor de los que son líderes mayores. Al mismo tiempo, los líderes mayores necesitan la energía, creatividad, pasión y amor de los que son jóvenes. Nuestros líderes no deben descartar rápidamente la falta de experiencia o inocencia de los líderes jóvenes. Por el contrario, los líderes jóvenes no deben desestimar la experiencia y consejo de los líderes mayores. Asimismo, hombres y mujeres, a causa del Evangelio, deben trabajar juntos para la gloria de Cristo.

El liderazgo viene de Dios; no un “derecho” sino un don para ser administrado. El Evangelio a menudo se refiere a las posiciones de servicio como “gracias”. Independientemente de la persona, debemos recordad que todos confiamos en la gracia de Dios, especialmente en nuestras posiciones de servicio. ¡Y recuerda que estas gracias se han dado todas para la edificación de la Iglesia!

Así pues, alabemos a Dios por la diversidad del cuerpo de Cristo. Alabémosle por las diferencia entre generaciones, y entre hombres y mujeres, sabiendo que Él desea usar esas diferencias para extender su gloria y su Reino. Como jóvenes y mayores, hombres y mujeres, animémonos unos a otros y hablemos una palabra de bendición unos a otros. Que cada uno busque intencionalmente colaborar con líderes que no son como nosotros. Nuestras vidas y ministerios serán enriquecidos y Dios será glorificado por la unidad de su pueblo.

 

Padre, oramos por los líderes que estás levantando para servir por todo el mundo. ¡Te pedimos, Oh, Espíritu Santo, que nos unas a jóvenes y mayores, hombres y mujeres, para el bien de tu pueblo y para la gloria de Cristo! Amén.

Este blog es una parte del Enfoque Global de Lausana potenciando la oración. Te invitamos a caminar con El Movimiento de Lausana, en la oración durante el mes de mayo. Este viaje será tanto personal como colectivo. Se centra en el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, las buenas nuevas para todo el mundo.

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